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4 de noviembre 2003 - 00:00

Duhalde vs. Kirchner por crisis policial

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El malestar del PJ duhaldista con Béliz se podría trasladar al Congreso, donde hace 15 días ya se había pedido que el ministro compareciera para ser interpelado por los diputados: la solicitud la formuló Jorge Villaverde, uno de los caudillos más caracterizados del conurbano, quien desistió de avanzar por orden del propio Duhalde. Anoche, todo el duhaldismo esperaba un gesto de Kirchner que le ayudara a sostener, como hizo ayer Duhalde, que las manifestaciones de Béliz en su contra fueron exabruptos y no expresiones indirectas del pensamiento presidencial.

El conflicto desatado por la crisis de seguridad tiene, además, un capítulo reducido a protagonistas bonaerenses. Es el que enfrenta a Duhalde con otro «heredero», Felipe Solá. El gobernador se inquietó porque no se lo convocara a la reunión en la Casa Rosada y le hizo saber de ese malestar a la plana mayor del duhaldismo: «No es correcto que se reúnan sin mí para hablar de mi provincia», repitió una y otra vez. Hasta tal punto llegó su malestar que anoche Duhalde intentaba incluirlo en el encuentro aunque más no fuera en su versión periodística. El ex presidente le dijo a su vocero, Luis Verdi, que Solá estuvo en la reunión, con la intención de que lo transmitiera. Patas cortas: a la hora del encuentro con Kirchner (12.30) el gobernador había aparecido en un acto de lanzamiento del nuevo plan de seguridad bonaerense que registraron, como es costumbre, casi todos los canales de TV metropolitanos.



Ayer volvió a cometerse el mismo atentado contra la imagen del ex presidente. Llegó a Gobierno al cabo de tres días de declaraciones del Presidente, su jefe de Gabinete, su ministro del Interior y su ministro de Seguridad acerca de los vicios que caracterizan a la Policía Bonaerense y, sobre todo, a sus relaciones con la clase política del distrito. Esta vez la excusa fue la inauguración del pavimento del Camino Negro, que es a los vecinos del conurbano sur lo que el glaciar Perito Moreno a los santacruceños.

La reunión entre Kirchner y Duhalde, ayer, cobijó en sus comentarios, pero especialmente en sus silencios y ausencias, todos los matices de una relación compleja, en la que se acumula -no hay quien no lo suponga- una tensión explosiva. Sólo el Presidente y quien fuera su padrino electoral saben qué profundidad alcanzó la charla (Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, fue testigo de la misma pero sólo estuvo un momento en el despacho, apenas para un saludo). Sin embargo, hay que descartar casi de plano cualquier tipo de intimidad en el diálogo: es difícil que Duhalde se sincere, sobre todo con Kirchner. Teme siempre por el temperamento de su sucesor, quien casi lo enfrenta a golpes de puño durante una reunión de gobernadores, cuando él ejercía la Presidencia.

Más allá de estos límites, el bonaerense comentó las expresiones de Béliz: «Es un muchacho que hace declaraciones altisonantes, que después generan problemas». Duhalde ya se había quejado del ministro de Justicia cuando comió con Kirchner en Lomas de Zamora, hace tres semanas, antes de partir de vacaciones hacia Italia y el Caribe. Es cierto, el Presidente también se molestó en aquel momento por la presencia de Juan José Alvarez en el área de Seguridad de la provincia, designación que precipitó la caída de Giacomino, a quien Kirchner identifica con el ex ministro de Justicia de Duhalde.

En el encuentro de ayer, que se produjo al cabo de una larga amansadora introducida por el Presidente (llegó a la cita casi una hora tarde), se trató de coincidir en la necesidad de no levantar la presión pública sobre un problema que ya de por sí es complicado: «Es todo muy sospechoso, hasta hay secuestradores que se niegan a cobrar el rescate», razonó Duhalde, con habilidades de experto en materia policial.



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