Felipe Solá tuvo un festejo trasnochado: en la madrugada de ayer, la Cámara de Diputados aprobó la adhesión de la provincia al Programa de Financiamiento Ordenado (PFO) y, en la misma sesión, aceptó el veto que había impuesto al Presupuesto aprobado en diciembre por la mayoría duhaldista.
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Unas horas después, el gobernador cerró el círculo de celebraciones: el Senado, donde también los seguidores de Eduardo Duhalde tienen la supremacía, completó la aceptación del veto. Ahora, Solá deberá enviar una nueva ley de Presupuesto.
Vía el PFO, Solá podrá recibir asistencia financiera por 1.550 millones de pesos del gobierno nacional para cubrir el déficit presupuestario de 2005.
Con eso, se clausuró, al menos temporalmente, la pulseada entre duhaldistas y felipistas que estalló a fines de 2004, cuando los legisladores del duhaldismo modificaron la ley de Presupuesto 2005 enviada por el gobernador. Vendrán otras; quizá más feroces.
La sanción, en sí misma, tiene fuertes implicancias:
• Solá logró imponer su voluntad. Consiguió que le acepten el veto y le aprueben el PFO, que era lo que pedía. Pujó el duhaldismo para dilatar la discusión hasta que entendió que en ese tironeo aparecía perdidoso porque el gobernador, lo admiten los escuderos de Duhalde, los primerió en la discusión pública. Hasta Hugo Curto se dedicó a calmar inquietos: «Votemos así no le damos más motivos para que se queje», argumentó.
• No implica ceder ni entregarse. Los duhaldistas apuestan su arsenal a la interna donde, dicen, dejarán claro «quién manda en la provincia». La decisión de pelear en ese ámbito y no prestarse al martilleo mediático los empujó a renunciar a modificar la Ley de Internas Abiertas.
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