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• Opción
«Esta batalla sólo puede tener un desenlace: nuestra victoria o la de ellos», dijo. Por otra parte acusó a los talibanes de haber inundado el mercado británico con drogas derivadas de la amapola: el opio y la heroína.
«Sabemos quiénes son los responsables -aseguró-. En Afganistán hay decenas de campos de entrenamiento dedicados a la exportación del terror. El jefe de los patrocinadores y organizadores es Osama bin Laden... Y es apoyado, escondido y protegido por el régimen talibán».
Además, prometió: «Junto a la coalición militar organizaremos una coalición humanitaria para que los refugiados, dentro y fuera de Afganistán, tengan alojamiento, alimentación y ayuda durante los meses de invierno».
Bush, por su parte, señaló que los Estados Unidos actuará «en su momento» en Afganistán y advirtió al régimen de Kabul que debe desmantelar la red terrorista acusada de los atentados del 11 de setiembre o atenerse a las consecuencias.
«Los talibanes deben entregar (a la red de Bin Laden) Al-Qaeda y deben destruir los campos terroristas, de lo contrario habrá consecuencias», afirmó Bush a los periodistas, subrayando que «actuaremos en su momento». «No hay negociaciones ni plazos», añadió.
En tanto, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) invocó ayer formal-mente y por primera vez en su historia la cláusula de defensa común en su Carta, después de que los Estados Unidos ofreciera pruebas «concluyentes» contra Bin Laden (ver aparte).
• Manos libres
El secretario general del bloque, George Robertson, dijo que la alianza de 19 naciones había establecido que los atentados en Washington y Nueva York fueron, en efecto, dirigidos desde el exterior y que, por lo tanto, se los considera como un ataque contra todos los aliados.
Diplomáticos europeos de la OTAN hicieron énfasis en que si bien la decisión constituye una «luz verde» para cualquier represalia de los Estados Unidos, no marca un automático inicio de operaciones militares colectivas de los aliados, puesto que Washington desea mantener sus manos libres.
Mientras parecen consumirse los días previos a la incursión militar en Afganistán, los EE.UU. y Gran Bretaña terminan de acumular tropas y naves en lo que es el mayor despliegue desde la Guerra del Golfo (1991). Unos 30.000 militares estadounidenses, dos portaaviones, una fuerza anfibia y cerca de 350 aviones de combate ya están concentradas como parte de la Operación Libertad Duradera, informó ayer el Pentá-gono. Adicionalmente, unos 17.000 reservistas han sido llamados para desempeñar servicio activo y miles de efectivos de la Guardia Nacional están ya trabajando bajo la autoridad estatal.
Mientras, fuentes militares confirmaron que el portaaviones USS Kitty Hawk zarpó el lunes desde Japón para sumarse al Carl Vinson y al Independence, que ya se encuentran en el Golfo Pérsico y al Theodore Roosevelt, que estaría todavía en el Mediterráneo.
El secretario de Estado, Colin Powell, dijo a la cadena de televisión CBS que la Casa Blanca ha recibido 46 promesas de apoyo a su campaña, desde países integrantes de la OTAN hasta miembros de la Conferencia Islámica.




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