11 de junio 2003 - 00:00

EEUU dará plazos pero es inflexible en deuda a privados

Colin Powell conversó ayer 36 minutos con el presidente Néstor Kirchner en la Casa de Gobierno. El resto fue conferencia de prensa formal, traducciones, saludos y fotos conjuntas. Se movió el secretario de Estado norteamericano dentro de la línea que ya se conoció previamente por diversos canales. La política del país del Norte será: 1) Tender piadoso olvido y no mention sobre la anormal pleitesía que se le brindó en la Argentina al dictador cubano Fidel Castro días atrás. 2) Este «olvido» es para no acorralar al nuevo presidente argentino por más que irriten muchas de sus actitudes y a algunas se las considere políticamente incomprensibles. El fin aquí es no tentarlo a volcarse sobre el venezolano Hugo Chávez, discípulo predilecto del castrismo cubano, aun cuando se sabe que por las necesidades de ayuda económica la Argentina nada puede esperar de la isla. 3) EE.UU. no hace ni siquiera referencia a si Kirchner subió con 22% y si tuvo segunda vuelta o no. Lo considera un presidente absolutamente legítimo, votado en elección democrática. Todo esto lo lleva a brindarle amistad y acercamiento. El mismo viaje de Powell y traer en su avión desde Chile al canciller Rafael Bielsa fue un gesto muy especial. Continuará con darle una entrevista con George W. Bush, algo que nunca pudo obtener Eduardo Duhalde, ni una foto en países donde concurrieron. No temen, en cambio, el acercamiento de Kirchner (viajó anoche a Brasil) al racional e inteligente Lula Da Silva. Temen sí un triunfo del frente de izquierda con Tabaré Vázquez, en Uruguay, aunque es un socialista racional al estilo Lula o europeo. 4) Todo el acercamiento norteamericano y la «estrategia de amistad con Kirchner» -a riesgo de enfrentarse Bush con la poderosa comunidad cubana en Miami por los excesos con Castro- tienen un solo punto de inflexibilidad: aunque lleve tiempo discutir un acuerdo con el Fondo Monetario de corto plazo primero o de largo plazo, tiene que existir de inmediato en el gobierno argentino análisis e intención de pagar la deuda hoy en default con inversionistas privados de todo el mundo (suma 52.000 millones de dólares lo adeudado sólo allí). EE.UU. no quiere problemas con países que tienen inversionistas afectados por el default argentino e inclusive con propios connacionales norteamericanos. No le interesaría que la Argentina pidiera y hasta obtuviera una quita de deuda (se habla de hasta 70%) de sus acreedores. Pero el gobierno de Bush no quiere estar facilitando ayuda directa (ampliación de productos sin barrera arancelaria a EE.UU.) y presión a organismos financieros internacionales hacia un gobierno argentino que no honre sus deudas, sobre todo en el plano internacional, y se esfuerce por salir del default en que se encuentra.

EEUU dará plazos pero es inflexible en deuda a privados
"Somos amigos. Estados Unidos puede dar todo el apoyo que la Argentina requiera, pida y solicite", pero deberá «hacer las cosas bien». Colin Powell le trajo ayer al presidente Néstor Kirchner este mensaje a Buenos Aires, en su fugaz visita de algo más de tres horas a la Argentina. Desde el gobierno argentino, la frase fue interpretada en sintonía tanto por el Ministerio de Economía de Roberto Lavagna como por la Cancillería de Rafael Bielsa como lo siguiente: Estados Unidos apoyará un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de largo plazo (más de dos años), siempre que haya un acuerdo con los acreedores de la deuda externa argentina.

Kirchner recibió, además, todo un reconocimiento por parte del secretario de Estado norteamericano. Powell admitió en nombre del gobierno de George W. Bush que América latina no estuvo hasta ahora en un plano principal en la agenda de las relaciones exteriores del presidente republicano, y espera que se abra una nueva etapa en la relación continental.

Powell llegó a Ezeiza ayer a las 9.43
en uno de los aviones oficiales del gobierno norteamericano, al que se le adosaron dos escaleras de descenso. Por la trasera, desembarcó toda la delegación, de más de 30 funcionarios norteamericanos de todo tipo. Por la delantera, sólo cinco personas: tres guardaespaldas, el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Rafael Bielsa, que viajó invitado especialmente por el norteamericano desde Santiago de Chile en el avión oficial, y finalmente Colin Powell. El secretario de Estado bajó rápido la escalera mirando hacia los costados como reconociendo el terreno y el clima donde le tocaría actuar. Subió al BMW negro que le había destinado la embajada argentina y la caravana de 17 automóviles de todo tipo y tamaño comenzó a girar hacia la Casa de Gobierno. Antes, Bielsa había subido a un Neon azul, cargando él mismo su bolso de cuero con sus papeles diplomáticos.

Powell llegó a las 10.15 a la Casa de Gobierno
, ingresando desde la explanada del Salón de Bustos. Miró de reojo las figuras de los presidentes argentinos de épocas pasadas y subió al primer piso de la Casa Rosada, donde, en un descanso de las escaleras, lo esperaba Néstor Kirchner. A las 10.24, luego de las fotos de rigor, comenzó la reunión oficial. Participaron por el gobierno argentino, además de Kirchner, Rafael Bielsa; el ministro de Economía, Roberto Lavagna; el embajador designado, José Octavio Bordón, y el jefe de Gabinete de la Cancillería, Eduardo Valdés.

• Presencias

Junto con Powell, estuvieron el embajador norteamericano en Buenos Aires, James Walsh; el secretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Curt Stuble; el vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher; un miembro del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, John Sammis; el asesor militar James Metzger y los dos secretarios de Powell, Craig Kelly y Peter Tinsley.

En total la reunión duró 36 minutos. El apoyo posible de Estados Unidos a la Argentina para las negociaciones que comenzará con el FMI fue el primer punto discutido, y propuesto por el propio Powell. Sin esperar mayores explicaciones técnicas por parte de los locales, el norteamericano lanzó su frase sobre el apoyo posible y cierto que el gobierno de Bush podrá darle al país. Allí, lanzó la idea sobre que la Argentina debe hacer las cosas bien. Si bien es algo vago, quedó en claro que el norteamericano se refería a que Economía debe acelerar las negociaciones con los acreedores de la deuda argentina y llegar a un acuerdo antes o durante las negociaciones con el Fondo. Si esta condición se cumple, Estados Unidos volvería a presionar sobre Horst Köhler, como lo hizo en diciembre de 2002, para acelerar un acuerdo. Hubo dos conceptos extra. El primero, reclamado por Kirchner, fue que la negociación con el FMI implique un acuerdo de largo plazo, lapso que según la visión del Presidente es de dos años como piso. Con el asentimiento de Powell, Kirchner reclamó, además, que este acuerdo «no implique la devastación de la Economía argentina», según confirmó también Bielsa luego de la reunión. El canciller luego reconocería, además, que el acuerdo que busca la Argentina «no debe ser la mera postergación de plazos y vencimientos que sólo permitan resolver el aquí y ahora».

• Para debatir

Powell dio por terminado el tema y lanzó sobre la mesa de debate la posible intervención de la Argentina en una fuerza de paz en Irak. En este capítulo, Powell fue más diplomático que nunca y sólo se permitió sondear al presidente argentino. Kirchner repitió su tesis sobre que la única posibilidad de intervenir en algún emprendimiento de este tipo es si se aprueba desde las Naciones Unidas. Powell no insistió en la reunión, pero luego ante la prensa diría que «Estados Unidos espera que la Argentina considere su posible participación en lo que está sucediendo en Irak» y recordó con una sonrisa algo nostálgica «la participación como aliado de este país en la Guerra del Golfo de 1991».

El tercer capítulo del encuentro Kirchner-Powell fue el de la integración comercial. Si bien el norteamericano no habló sobre la necesidad de que la Argentina comience a negociar un acuerdo de libre comercio con EE.UU. similar al que firmó Chile el viernes pasado, sí dijo que, según su visión, este tipo de esquemas «es un punto de partida interesante para cualquier país». Luego, sólo hubo vagas alusiones de los dos bandos sobre lo que se espera del ALCA y la existencia de los subsidios agrícolas en Estados Unidos.

• Sorpresa

Hubo, finalmente, un tema que tomó por sorpresa a los argentinos. Powell quiso saber de qué se trata exactamente el conflicto entre el Poder Ejecutivo y la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Con tranquilidad, Kirchner explicó el proceso por el cual la Corte se amplió a 9 miembros en la década del '90 y la designación de los jueces actuales. Dijo, además, que en todo momento se respetará el mecanismo que figura en la Constitución nacional para remover los magistrados y que de ninguna manera se debe entender este proceso como una alteración «de las reglas republicanas». No hubo respuesta de Powell en esa reunión, pero sí una referencia luego ante la prensa. El secretario de Estado dijo: «Estamos tomando nota de lo que sucede y hemos hablado con nuestros jueces de la Corte Suprema».

A las 11.10 terminó la reunión y cinco minutos después comenzó la conferencia de prensa, organizada especialmente para que los periodistas de medios norteamericanos que viajaron con Powell tengan un balance del viaje del funcionario de Bush. Kirchner eligió no participar y dejó el despliegue de la versión del gobierno al tándem Bielsa-Bordón.

A las 11.27, Powell se levantó de su silla, volvió al Salón de los Bustos, la caravana volvió a Ezeiza luego de algo más de tres horas y media de permanencia en la Argentina, Powell comenzó su retorno a Washington.

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