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14 de marzo 2008 - 00:00

El agio de Perón en tiempos de Moreno

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«Hay que buscarlos, y donde se los encuentre, colgarlos de un árbol», decía Perón de los «malos comerciantes ».
«Un almacenero de Floresta fue multado en $ 30.000 por vender queso de rallar a $ 8,70, precio correspondiente al doble crema, y no a $ 8 como fija el valor oficial. Cumplió tres meses de encierro en Devoto y casi es deportado a España, su país de origen». La noticia no es de hoy, sino de hace más de 50 años, cuando se aplicaba la ley del agio y la especulación instaurada por el entonces presidente Juan Domingo Perón pero que tanto recuerda en estos días a las medidas que impulsa el actual secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

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La publicación de precios de referencia, la aplicación de multas a petroleras por desabastecimiento, el envío de inspectores a comercios y mercados concentradores, la facultad de decomisar y clausurar empresas, son algunos de los hechos que remiten a lo que sucedió cuando se aplicaban políticas similares a las de hoy y que poco lograron en la lucha contra la inflación en el pasado.

Eran épocas en las que se clausuraban negocios y se detenía hasta a pequeños comerciantes por subir precios. Se los multaba con montos impagables, se les cerraba los locales y hasta se los inhabilitaba por seis años.

En aquel momento, el país sufría serios problemas económicos entre los que comenzaba a registrarse con más fuerza la inflación. El economista Ricardo H. Arriazu suele decir que la tasa de inflaciónacumulada desde 1950 hasta hoy es un número de más de trece dígitos. Entre 1945 y 1954, los precios aumentaron más de 500%. Sólo entre 1949 y 1950 llegaron casi a duplicarse.

  • Caída

  • Pero además, por una grave sequía, de 13.500 millones de hectáreas sembradas se cosechaban sólo en 6.600 millones cuando el período anterior (1950-1951) se había cosechado casi el doble (11.317 millones de hectáreas).

    Una fuerte caída en las reservas monetarias (de u$s 1.700 millones en 1946 a u$s 173 millones en 1952) fueron otros de los argumentos para la aplicación de precios máximos.

    En esa época, también el presidente trasladaba a los ciudadanos la responsabilidad de controlar la marcha del costo de vida.

    En un recordado discurso que Perón dio en 1952, pidió «trabajar conscientemente para derribar las causas de inequitud creada a raíz de la especulación, de la explotación del agio por los malos comerciantes. El comerciante que quiere robar dice que lo que corresponde es dejar los precios libres. Lo que nos interesa a nosotros es que no se salgan con la suya, pero hemos de ir individualizando a cada uno. Vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo. (...) Está demostrado que se trata de una guerra psicológica, con agentes en lo interno. Hay que buscarlos, y donde se los encuentre, colgarlos de un árbol».

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