¿El canciller cambió de opinión?
El periodista argentino Andrés Oppenheimer relató en una de sus columnas un diálogo con el canciller Rafael Bielsa que conviene recordar. Esa pieza rescata la elasticidad del funcionario argentino para adaptar sus opiniones a los cargos que tiene, por ejemplo cuando opinó a favor de Castro antes de ser canciller, pero se retracta cuando está en la silla del Palacio San Martín. Su jefe Néstor Kirchner llamaría a eso dejar las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno, algo que no se hace. Veamos esa charla de Oppenheimer con Bielsa.
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Entonces, ¿qué respondería a la pregunta más amplia, sobre si se respetan los derechos humanos en Cuba?, pregunté.
Bielsa respondió que hará un pronunciamiento sobre el tema una vez que examine el expediente sobre las razones del gobierno anterior para cambiar el voto argentino en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de una condena a una abstención.
«Considero que Estados Unidos es un país amigo», agregó Bielsa. «La Argentina no ha resuelto un alineamiento automático con Cuba y Venezuela para enfrentar sistemáticamente a Estados Unidos en los foros internacionales».
Primero, creo que la Argentina -que todavía está luchando por revertir la imagen que dio al mundo cuando su Congreso aplaudió eufóricamente la suspensión de la deuda externa hace dos años-no se hizo ningún favor al permitir que Castro se robara el show de la toma de posesión de Kirchner. El país no puede aplaudir a un dictador que viene de fusilar a tres personas sin un juicio abierto y luego pedirle a Estados Unidos y Europa que le ayuden a ser considerado como una democracia moderna, digna de ser tomada en serio por los organismos financieros internacionales.
Segundo, y más importante, un país que ha vivido una dictadura, como la Argentina, debería ser el primero en alzar la voz cuando un país sentencia a 25 años de prisión a periodistas por el delito de criticar al gobierno.




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