21 de noviembre 2007 - 00:00

El contubernio

Tanto sigilo existe sobre la presunta extensión del contrato que, naturalmente, el proyecto se ha convertido -para los maledicentes-en la obra de un contubernio.

Cuyos protagonistas, siempre bajo el imperio de los malpensados, se reúnen en una misma mesa de intereses, extraña comunidad con personajes contradictorios entre sí. Léase Mauricio Macri, Néstor Kirchner y Jorge Telerman. Un trío dominante que se consagrará a bendecir los esfuerzos expansionistas y lúdicos del empresario patagónico, vinculado al oficialismo sureño, Cristóbal López.

Todo indica que luego de negociaciones casi secretas, ya está aprobado un convenio de extensión por 16 años por el cual la Lotería Nacional continuará a cargo de la administración del creciente negocio del juego en la Capital Federal (tragamonedas, bingos, casinos y venta de billetes). Nadie ignora que el jamón del medio de esta operación, ahora, lo usufructúa López desde el casino de Palermo y los barcos de Puerto Madero, prosperidad multiplicada desde que el kirchnerismo llegó al poder.

Si bien es fácil unificar a López con Kirchner (quien lo recibe a menudo), la incógnita es relacionar a Macri y a Telerman con el dúo. Sobre todo, al ingeniero boquense, tan preocupado por recuperar para la Capital hasta la Policía, pero despreocupado -en apariencia-para trasladar dividendos de las maquinitas a su futura administración. Mantiene silencio al respecto (le reservó la atención a su más mimado colaborador, el ex compañero de colegio José Torello) y no ha mencionado el tema en tantos retiros espirituales a los que se dedicó. Raro en quien sacude cuanta alfombra existe para obtener fondos adicionales a la Capital. Tampoco Telerman habla, más bien se limitó -apenas asumió- a seguir los pasos y consejos de la Casa Rosada, al igual que su antecesor Aníbal Ibarra, fuerte y amistosamente ligado a los españoles que tutelaban el barco casino (del cual, en sorprendente acto voluntario, ya le cedieron una parte al ascendente López).

Por lo que se sabe, Telerman debería enviar a la Legislatura el proyecto de extensión del contrato y el cuerpo, con dominio kirchnerista y macrista, aprobarlo casi a libro cerrado. El resto de la política también, sugestivamente, guarda silencio. La oportunidad prevista: un par de sesiones maratónicas, antes del 7 de diciembre, en las que casi no habrá una lupa detectivesca para analizar la multitud de iniciativas que habrán de presentarse. Mientras tanto, algunos fanáticos del juego (con preeminencia de jubilados y mujeres) se entretienen perdiendo en los casinos -alguno, como el de Palermo, más grande y casi más desarrollado que los de Las Vegas-y otra mayoría de espectadores se entera por los diarios que los gremios vinculados a la actividad cruzan tiros y cuchilladas, cortan el tránsito, molestan e incomodan.

Más que un contubernio, seguramente Kirchner, Macri y Telerman (más otros conspicuos que los asesoran) constituyen un frente de funcionarios veloces para impedir conflictos como los que ocurren en la actualidad y que, si interviene López, habrán de cesar. Sólo falta que apruebe la Legislatura.

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