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La palabra de Cardoso resultaba más que calificada para los hombres de negocios que lo escuchaban en Suecia: él venía de pasar un día completo con Duhalde, en Olivos, donde pernoctó el domingo de la semana pasada. Las declaraciones del presidente brasileño trascendieron por el comentario de uno de los empresarios presentes, quien informó sobre ese diagnóstico al diario brasileño «Valor» (la noticia llegó desde Varsovia, donde se encuentra ahora Cardoso, quien aprecia especialmente la capital de Polonia, donde otrora cultivó amistades como la del cineasta Andrej Wajda).
Algunos funcionarios de Itamaraty aclararon ayer que «el presidente Cardoso sólo hizo comentarios en una reunión reservada, no declaraciones públicas», como si hubieran provocado alguna molestia. Al contrario, estos pronunciamientos del presidente de Brasil fueron aplaudidos ayer en Buenos Aires. Es que no hacen más que seguir la lógica de autopresentación del oficialismo, que sigue esta fórmula: si no se le ofrece ayuda a la Argentina, el sistema democrático podría caer en el país. Duhalde mismo abreva en esta doctrina cuando presagia «un baño de sangre», y Raúl Alfonsín, otro vocero del bloque de poder actual, ya dijo que «si cae este gobierno, cae la democracia». Curiosidades de la época o de la crisis: en otro momento, un juicio como el de Cardoso hubiera sido repudiado por ser una intromisión foránea en cuestiones nacionales. Sin embargo, ayer el presidente-sociólogo brasileño fue tomado como el mejor intérprete del pensamiento oficial. Por algo durmió en Olivos.
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