28 de febrero 2019 - 00:01

Macri- UCR: favores cruzados y una candidatura irrisoria

EL GOBIERNO Y EL ÚLTIMO MINISTERIO QUE LE QUEDA AL RADICALISMO - El radicalismo orgánico baja presión sobre Cambiemos. Privilegian paz fiscal en provincias que también beneficia al peronismo. Lavagna y una historia complicada. Defensa: el problema más serio.

Mauricio Macri.
Mauricio Macri.
Agencia Noticias Argentinas

Vientos cruzados llegan por estos días a Cambiemos, algunos beneficiosos y otros que traen conflictos casi insolucionables por ahora. Parecía imposible hace un tiempo que Elisa Carrió no fuera la protagonista indiscutible de las peleas dentro del oficialismo. Pero es así. La chaqueña se hizo a un lado y le dejó a los radicales es escenario completo para que se decidan entre apoyos y críticas a Mauricio Macri, pagando también ellos todos los costos políticos.

Las batallas políticas que se dan ahora dentro de Cambiemos son muchas, aunque importante y que preocupe al Gobierno quizás hay solo una: la crisis en el ministerio de Defensa. En esa pelea Horacio Chighizola solo fue una víctima en medio de una situación interna complicada en la que también se duda del futuro de Oscar Aguad. El desembarco allí de una delegada-interventora del “Gobierno central” (Paola Di Chiaro) tiene más que ver con problemas de funcionamiento, con la necesidad de organizar la continuidad y hasta con un debate de fondo en las fuerzas sobre la no existencia de un Código Militar y la inclusión de todo el tratamiento de conductas castrenses específicas dentro un capítulo especial del Código Penal, tema aún no resuelto. No hay que olvidar, además, que estamos hablando del último ministerio que le queda al radicalismo en este Gobierno.

De ahí que resulte casi ridículo pensar que la idea de un sector del radicalismo de pedirle (obviamente en una paupérrima posición de poder) a Roberto Lavagna que habilite un lugar en su fórmula, haya preocupado seriamente tanto al macrismo como inclusive al radicalismo orgánico y oficial.

Esa chance, que giró por los alrededores de Ricardo Alfonsín y que lo tiene como protagonista para esa “epopeya”, olvidó quizás que uno de los episodios electorales más luctuosos que registró el radicalismo (otro fue el 2,34 % que sacó Leopoldo Moreau en la presidencial del 2003 como candidato del partido) fue precisamente la fórmula presidencial de Lavagna con el jujeño Gerardo Morales. No solo terminó mal por el 16, 85 % que sacaron en el 2007, sino por cómo siguió luego la relación entre esos socios. El propio Morales dijo seis meses después de la elección: “Lo de Lavagna fue lamentable y patético”.

Por lo tanto, ese ensayo de acuerdo hasta parece más un favor a Macri vía campaña para dividir más al PJ, que una estrategia seria. Curiosamente Lavagna está produciendo un efecto parecido también dentro de la interna del peronismo.

Los problemas reales entre el radicalismo y el Gobierno se dan en los distritos donde la UCR tiene votos y candidatos competitivos inclusive para jugar solos, que no es el caso hoy de la provincia de Buenos Aires. De ahí que el macrismo decidiera dar marcha atrás con los aspirantes del PRO a las listas en varias provincias para no alimentar más ese fuego que si podía ser peligroso.

Macri avanzó en ese sentido para mantener también la ventaja relativa importante que tiene en las provincias a pesar de la crisis económica. No existe ningún gobernador hoy (peronista o de Cambiemos) que haya tenido problemas serios en los últimos tres años para pagar los sueldos. Si lo tuvieron en el final del gobierno de Cristina de Kirchner. No es un tema menor en las provincias, sino todo lo contrario: es la medida esencial del mantenimiento de poder de cada cacique y Macri se los dio a través de asistencia financia y mejoras en los ingresos con el pacto fiscal. Son dos datos que mira atentamente el propio PJ para saber cómo se van a mover sus gobernadores en el momento de la elección, sobre todo cuando van divididos con la nacional.

En territorio bonaerense Salvador aún no sabe que hará María Eugenia Vidal con el binomio para la reelección. El radical se replegó allí sobre su grupo más íntimo y eso hizo que los radicales de la provincia no estén contentos con él. De ahí que Alfonsín con cuatro o cinco dirigentes haya armado el ruido con la candidatura de Lavagna, subiéndose a una estrategia de Eduardo Duhalde. Otra historia que se repite.

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