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24 de abril 2007 - 00:00

Eliminar las "sábanas" pulveriza a las minorías

En un país sin sistema electoral en el cual los partidos han resignado su función principal de seleccionar candidatos y proponer programas a los votantes, es útil todo lo que sume a reformas que superen la crisis. Un politólogo que se identifica con el socialismo publicó en el periódico partidario «La Vanguardia» cómo algunas fórmulas que se proponen como salvadoras pueden terminar con la representación de las minorías. Es el caso de la eliminación de las listas sábana, que pulverizó a la oposición en varias provincias. Veamos los argumentos de Gerardo Scherlis.

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En la Argentina está vigente en el orden nacional el sistema de representación proporcional para la elección de diputados. Este, sin embargo, viene siendo objeto de continuos ataques, tanto por parte de importantes medios de comunicación como de diversos sectores políticos. Las críticas aluden a las supuestas consecuencias negativas de lo que se ha dado en llamar la «lista sábana».

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Suele decirse que este mecanismo propicia la elección de los peores personajes políticos y que, por lo tanto, es responsable por la crisis política nacional. Como alternativa, se plantean sistemas que alientan la concentración de la representación en los partidos mayoritarios. Este tema merece una seria discusión y, por lo tanto, como aporte al debate, ofrecemos algunos argumentos que ponen en cuestión las afirmaciones habituales sobre el tema.

1. Candidatos desconocidos. Suele argumentarse que por medio de la lista sábana « entran «candidatos que nadie conoce, que se «cuelgan» de los conocidos. Lo cierto es que este desconocimiento sólo podría aducirse como problema en los distritos grandes: provincia de Buenos Aires -donde en cada elección se eligen 35 diputados-, Ciudad de Buenos Aires -13 o 12-, Santa Fe -10 o 9-, y Córdoba -9-. En la mayor parte de las provincias argentinas se eligen, en cada elección, dos, tres o cuatro diputados.

2. El desempeño. Cabe también cuestionar qué asidero tienen las referencias al mal desempeño de los legisladores por el hecho de haber sido electos en el marco de una lista partidaria, o «sábana». ¿Alguien podría afirmar seriamente que quienes son elegidos en el primer lugar de la lista tienen un desempeño claramente superioral de quienes son menos conocidos por parte de la ciudadanía? Ningún senador ha sido electo en listas sábanas; todos ellos resultaron electos en listas de sólo dos personas. ¿Alguien podría asegurar que éstos tienen una actuación marcadamente superior a la de los diputados?

3. Entonces... ¿Es la lista o son los partidos? En Holanda se votan los 150 diputados en una lista única, lo mismo que en Israel, donde todo el país es una sola circunscripción de 120 cargos. En España también se votan en algunas circunscripciones listas con gran cantidad de candidatos (Madrid elige 35 diputados, Barcelona 31), al igual que en muchas otras democracias, como Suecia, Bélgica, Austria, Noruega y Costa Rica, la más estable y en muchos aspectos más robusta de las democracias latinoamericanas. En ninguno de estos países la elección por sistema de lista cerrada y bloqueada genera mayores inconvenientes. Sucede que en todos estos países el ciudadano vota la lista del partido que prefiere, sabiendo que los diputados de ese partido sostendrán, en términos generales, un programa determinado. Por supuesto, los partidos tienen liderazgos, y los votantes evalúan principalmente a los partidos a través de sus líderes, pero luego pueden esperar que los bloques partidarios actúen conjuntamente en aras de promover su programa. En todos estos países los partidos suelen mantener ciertas posiciones, valores y propuestas programáticas a través del tiempo, lo cual permite a los votantes optar de acuerdo con sus intereses y principios. Podría entonces plantearse dónde reside el verdadero problema; si en el hecho de votar a varios candidatos en una misma lista o, en cambio, en la inexistencia de partidos coherentes y consistentes, identificados con ideas y programas.

4. La proporcionalidad. La elección de un cierto número de representantes en un mismo distrito en forma proporcional a la cantidad de votos obtenidos garantiza que además de representantes del partido mayoritario resulten también electos candidatos de partidos de menor caudal electoral. En la medida en que se elijan menos cargos por distrito, tal como actualmente se propone, menos oportunidades tendrán los partidos no mayoritarios de conseguir alguna representación. De hecho, ése es ya el caso en la mayoría de las provincias argentinas, donde en cada elección se votan sólo dos, tres o cuatro diputados. Las propuestas que apuntan a hacer elegir candidatos por circunscripciones uninominales tienden a reforzar la hegemonía del partido mayoritario y a eliminar el control de la oposición y la expresión de las minorías. Reformas en ese sentido fueron ya implementadas con ese objetivo y con ese resultado en varias provincias, como por ejemplo en Santa Cruz, donde merced a la reforma promovida por el entonces gobernador Kirchner el PJ controla 22 de las 24 bancas de la Legislatura.

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