Sólo faltaba que el pintoresco Dante Camaño, diputado por la provincia de Buenos Aires, pero de origen chaqueño, hablara de sus pares como del «hombre blanco» o «carapálidas». Ayer, en la Cámara de Diputados, este legislador se opuso con argumentos serios y risueños al proyecto de reconocimiento de «tierras ancestrales» para «comunidades originarias». La norma aprobada ayer promete algún descalabro legal en las provincias en la medida en que avanza sobre códigos procesales de distrito al suspender, por cuatro años, cualquier embargo o ejecución sobre tierras que se consideran originalmente de pertenencia indígena.
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El argumento de los opositores a la norma, entre ellos de Camaño, es que resultará muy engorroso determinar por una ley de alcance nacional cuáles son los terrenos que merecen esa prerrogativa y cuáles no. Camaño expuso esto con algunas figuras divertidas: «Yo soy indio, mi abuela era india y por eso me doy cuenta de que quienes hicieron esta ley al único indio que conocieron es a Patoruzito. Cuando no se animan a decir 'indio' y empiezan con «aborígenes», «comunidades originarias» y ese tipo de eufemismos, es porque nos quieren robar», dijo, en su calidad de «originario», el legislador.
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