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6 de marzo 2006 - 00:00

Entrerrianos ratificaron ayer cortes de ruta por papeleras

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Jorge Busti




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Con todo, ayer se realizó la quinta Marcha de la Resistencia, que movilizó a más de 10.000 vecinos hacia la zona del corte sobre la Ruta 136, a metros del Puente Internacional General San Martín, que une Gualeguaychú con Fray Bentos.

Con la caída del sol, el núcleo estable de manifestantes volvió al campamento localizado junto al Arroyo Verde. Hasta allí, desde hace casi un mes, hombres, mujeres, niños y ancianos trasladaron su vida cotidiana.

La zona tiene identidad propia. El núcleo del campamento está representado por una gran carpa blanca montada sobre el asfalto y, como satélites, 4 o 5 pequeñas tiendas permiten pasar la noche.

Para llegar hay que atravesar la ciudad de Gualeguaychú. Atrás van quedando las luces y la oscuridad comienza a ganar el camino. Son 20 kilómetros que se hacen eternos. Veinte kilómetros que a diario los habitantes recorren para intercambiar las guardias y sumarse a las asambleas.

Adelante comienzan a verse rastros de viejas fogatas encendidas oportunamente para enfrentar la humedad de la noche, que cala los huesos. Sin esfuerzo, el murmullo del Arroyo Verde se cuela en el camino, el mismo que a pocos metros antes de llegar a la carpa central exhibe con orgullo la mano alzada de pintadas alegóricas.

La vida en la ruta tiene lo suyo, pero a pesar de todo los manifestantes están bien provistos: un televisor con una antena improvisada permite seguir la realidad, y un grupo electrógeno combate la penumbra.

Hay algunas postales que impactan, como la imagen de una nena de no más de cinco años que se pasea orgullosa con vestido blanco con la leyenda «No a las papeleras, sí a la vida». El atuendo en los adultos se repite en remeras con la misma inscripción.

Tampoco falta el mate a toda hora, que a veces se matiza con delicias caseras que acercan los gauchos de la zona, que llegan a caballo ataviados con pilchería típica.

Aquí, en definitiva, el tiempo parece haberse detenido. Nadie privilegia la actividad personal sobre el compromiso de defender a cualquier precio «el derecho a la vida».

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