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6 de octubre 2006 - 00:00

España tiene nuevo embajador: Estrella

Si Néstor Kirchner esperaba un último gesto amistoso del español José Luis Rodríguez Zapatero, ya llegó. El socialista no sólo reemplazó a Carmelo Angulo, con quien los Kirchner se fastidiaron desde hace tiempo, sino que, además, designó para la embajada en Buenos Aires a un político de su círculo: el diputado Rafael Estrella, portavoz del oficialismo en el Congreso de España en materia de política exterior.

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José Luis R. Zapatero
José Luis Rodríguez Zapatero, el primer ministro de España, ha decidido ya quién será su nuevo embajador en la Argentina: Rafael Estrella, actual diputado del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y, en esa calidad, portavoz de Relaciones Exteriores en el Parlamento. El nuevo representante se establecerá en Buenos Aires dentro de 45 días, tal vez luego de que se realice en Montevideo la XVI Cumbre Iberoamericana, con la presencia del rey Juan Carlos y el propio Zapatero, el 3, 4 y 5 de noviembre próximos.

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La designación de Estrella entraña varias novedades. Algunas pertenecen al campo de la relación bilateral y otras a la reorganización del área externa del gobierno español. La innovación más evidente es que Zapatero ha resuelto reemplazar a un diplomático de carrera -si bien militante socialista- como Carmelo Angulo por un delegado político, de larga trayectoria parlamentaria.

El dato puede leerse a la luz de la biografía del nuevo embajador: especializado como congresista en cuestiones de política internacional, su gobierno lo premia llevándolo al Ejecutivo, si bien en un cargo de segunda importancia. Aun cuando exista un consenso en considerar a la embajada en Buenos Aires una de las 10 más relevantes del país (después de Washington, París, Londres, Berlín, Moscú, Lisboa, Rabat y México).

A esta embajada va ahora en lo que significaría un ascenso en su carrera, Carmelo Angulo.

Desde la perspectiva del vínculo con la Argentina, la nominación de un político en la representación española parece ser otra apuesta de Zapatero a mantener un vínculo amigable con Néstor Kirchner. Es decir, alguien que garantice ductilidad para administrar tensiones, sobre todo en la política de servicios públicos. Es posible que al propio Kirchner le digan otra cosa: que el reemplazo de Angulo es un obsequio al fastidio que le tomó la Casa Rosada al embajador actual. Todo sea por conseguir el dichoso aumento de tarifas para las privatizadas, que la Argentina viene retaceando desde la devaluación de 2002. Será, claro, el objetivo más importante que tendrá la gestión de Estrella en lo inmediato.

La designación de un político podría indicar, además, el interés del partido socialista, en el trabajo electoral sobre los españoles residentes en la Argentina.

El nuevo delegado de Zapatero, dicen quienes lo conocen bien, es discreto, cultiva el bajo perfil (condición indispensable para satisfacer a Kirchner, inquieto siempre con la exposición mediática, expresa o solapada, de Angulo) y vive fascinado por las nuevas tecnologías. Tanto que se ha hecho famoso en Madrid por desarrollar estrategias que permitan poner a Internet al servicio de la transparencia en los procedimientos administrativos. Afición que no tiene una relación necesaria con su formación de base: es profesor de Geografía, Filosofía e Historia. Quienes quieran adentrarse más en la personalidad, los gustos y preocupaciones de este malagueño que llegará a Buenos Aires en diciembre puede recorrer su blog «estrella.lamatriz.org».

  • Reorganización

    El cambio que se decidió en Madrid para la embajada en la Argentina está inscripto en una reorganización más general del Palacio de Santa Cruz, la sede de la cancillería hispánica. Allí se resolvió despegar de la Secretaría de Cooperación e Iberoamérica esta última sección para, con igual rango, ponerla en manos de un clásico cuadro político del PSOE, Trinidad Jiménez. Se trata de una muy conocida militante del partido, íntima de Felipe González y, por lo tanto, amiga también de Carlos Bettini, el embajador de la Argentina en España, quien forma parte del círculo íntimo del ex primer ministro desde hace décadas. Estos lazos hicieron que la figura de Jiménez resulte familiar en la casa de los Kirchner, tanto como la de la mujer más relevante del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega. En Olivos, por ejemplo, se refieren a la Jiménez como «Trini». Aunque esto es así... mucho antes de la llegada de los Kirchner: desde José Luis Manzano al fallecido Rubén Cardozo,cualquier peronista que se haya acercado al «felipismo» conoció la pericia y gravitación de esta socialista.

    Tal vez haya que prestar atención a estas funcionarias ya que podrían constituir, al fin y al cabo, una red de cooperación para exaltar en el Viejo Mundo la figura de Cristina Kirchner, si es que el Presidente termina impulsando la candidatura de su esposa para la sucesión el año que viene (hay quienes imaginan, entusiastas, que también la carrera de la socialista francesa Segoléne Royal podría contribuir como insumo externo al marketing de esta operación local).

    Conocedora del juego internacional no sólo por su participación en el PSOE sino también por un antiguo y disuelto matrimonio con un diplomático profesional, «Trini» Jiménez promete un canal de comunicación familiar con la administración de Kirchner pero no un acompañamiento incondicional para todos las heterodoxias de política exterior que se verifican en la región y a las que la administración argentina está ligada. Para ilustrar la diferencia: la nueva secretaria de Iberoamérica de Zapatero se ha cansado de participar en actividades de disidentes venezolanos y cubanos en la madrileña Casa de América. Un dato del que debe tomarse nota si se quiere registrar un movimiento más lento y profundo de las relaciones internacionales del PSOE: la recomposición del vínculo de Madrid con Washington, proceso iniciado con la visita del canciller José María Moratinos a Condoleezza Rice en junio pasado.
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