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18 de julio 2006 - 00:00

Esperan a Fidel sin señal sobre la médica disidente

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La llegada de Fidel Castro al país, se aguardaba a noche confirmación oficial del viaje, serviría para constatar si existen todavía esperanzas de reflotar el caso de la médica cubana Hilda Molina, impedida de salir de Cuba pese a que su hijo -y la familia de éste- reside en la Argentina y reclama reunirse aquí con ella.

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Desde la salida de Rafael Bielsa de la Cancillería, el tema, que en su momento ocupó extensamente al gobiernonacional, prácticamentedesapareció del discursopúblico de los funcionarios nacionales.

  • Discreción

  • En el último tiempo, la cuestión quedó en manos del embajador argentino en la isla, Darío Alessandro, quien sigue en contacto con la mujer, con su familia y mantiene discretas gestiones ante el régimen castrista. Sin embargo, todo indica que para Castro se trata de un tema prácticamente cerrado.

    En sus declaraciones recientes, Molina rescató la disposición del nuevo embajador -quien incluso la visita periódicamente en su domicilio-, pero se mostró desalentada por la menor actividad diplomática que, entiende, se desarrolla en torno a su caso.

    Su decepción con respectoa una solución «a la argentina» es tal que hace dos meses la mujer dirigió una carta a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pidiéndole que intercediera por ella. Además, recurrió al gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero, sin resultados hasta el momento.

  • Renombre

    Hilda Molina es una prestigiosa neuróloga cubana que alcanzó renombre internacional en los años 80. Miembro por muchos años del Partido Comunista, su prestigio la convirtió en un cuadro muy respetado dentro del régimen castrista, al punto de que dirigió el Centro Internacional de Restauración Neurológica de Cuba y fue diputada en la Asamblea Nacional. Sin embargo, sus crecientes diferencias con el régimen hicieron que cayera en desgracia, tanto que desde hace 12 años la dictadura castrista le impide reunirse con su hijo y sus nietos, quienes residen en la Argentina.

    Su caso fue de alto perfil en nuestro país hasta hace un par de años, cuando en diciembre de 2004, el presidente Néstor Kirchner le pidió a Castro a través de una carta personal un permiso especial de viaje para la médica. La respuesta de La Habana fue una invitación a que su hijo, Roberto Quiñones, viaje a la isla, algo a lo que éste se niega alegando temer por su seguridad.

    La situación estuvo a puntode convertirse en una crisis bilateral de importancia cuando Molina pasó 24 horas junto a su madre, de 85 años, en la embajada argentina en La Habana, en medio de versiones sobre un supuesto pedido de asilo, que no se concretó. El reemplazo del entonces embajador argentino, Raúl Taleb, y del jefe de Gabinete de Bielsa, Eduardo Valdés, cerró la cuestión y, en buena medida, las esperanzas de la familia.
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