Jorge Bergoglio estuvo ayer
secundado por el padre Guillermo
Marcó durante la misa en la
Catedral metropolitana en honor a
la canillita «Sarita», de 80 años.
«Yo no entiendo de política, estamos hablando de Dios», fue la evasiva con la que ayer el cardenal Jorge Bergoglio buscó despegarse de la interna electoral de Misiones, donde el obispo saliente Joaquín Piña encabeza una lista que se opone a la reforma constitucional que habilitaría la reelección indefinida del gobernador kirchnerista.
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El líder de la Conferencia Episcopal Argentina ofició ayer en la Catedral Metropolitana una misa en honor a Sara Emma Vallejos -»Sarita»-, quien a los 80 años trabaja como canillita en el barrio de Núñez. La homilía cobró importancia ya que se produjo horas después de que el papa Benedicto XVI advirtiera que «a la Iglesia no corresponde el cometido de actuar en el ámbito político para construir un orden justo en la sociedad; eso corresponde a los fieles laicos, entre ellos los cristianos laicos».
Tras el oficio religioso, y ante una consulta de este diario sobre los dichos de Joseph Ratzinger, Bergoglio dijo desconocer las declaraciones del Santo Padre. «No he leído las declaraciones del Papa», desmarcó Bergoglio. Más allá de sus afirmaciones, el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires pareció haber sentido las advertencias del Vaticano y buscó eludir cualquier referencia a la candidatura de Piña en Misiones.
Alineamiento
Se notó su alejamiento de cualquier declaración política también en el contenido de su misa, en la cual rápido de reflejos, el cardenal se alineó con la doctrina de Ratzinger.
Celebró los 80 años de la canillita «Sarita» ante una escasa concurrencia de fieles -unos 30-, lo que paradójicamente reflejó la crisis del laicado en la Iglesia Católica que llevó a Piña a tener que presentarse como convencional constituyente en Misiones. Y de nuevo, a través de la figura metafórica de un gorrión, resaltó la importancia de los laicos en la vida de la Iglesia. «Jesús les dice a sus discípulos: no tengan miedo. Es el ejemplo de Dios padre que cuida a los pajaritos. Todo un Dios se vuelca hacia el mínimo gorrión. Entonces ustedes no tengan miedo porque valen más que muchos pájaros», destacó Bergoglio siempre aludiendo al ejemplo de vida de la canillita que seguía la misa desde la primera fila de bancos.
«Nadie le da importancia al perfil del gorrión, sólo Dios. 'Sarita' tiene perfil de gorrión», continuó el prelado. La reivindicación de laicado efectuada por Bergoglio respondía tácitamente a las declaraciones del Papa que, pronunciadas en Verona, Italia,generaron inmediatas repercusiones en el clero criollo. Rodeado de todos los obispos italianos y ante 2.700 participantes, el Papa dijo que la Iglesia «no es ni pretende ser» un agente político, que no hace política y que lo único que pretende es contribuir a que se haga lo que es justo. «Es necesario anteponer las exigencias de la Justicia a los intereses personales, o de un grupo, o del Estado», afirmó el Pontífice máximo. El cardenal argentino, que avaló la presentación de Piña en Misiones, no pudo más que alinearse con el verticalismo de la Iglesia Católica y reivindicar el rol del laicado. «El Papa es nuestro máximo líder y coincidimos con él», deslizaron desde el Arzobispado.
Aunque Néstor Kirchner teme que la Iglesia Católica se transforme en una fuerza partidaria opositora, la intervención de Piña en Misiones está alejada de ese fin. Su rol, según afirman desde el Episcopado, es eminentemente institucional, en defensa de la Constitución local, pero no tiene ni tendrá tintes políticos partidarios. Siguiendo la lógica oficialista, el arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, asesinado por denunciar la existencia de escuadrones de la muerte, debería haberse abstenido de denunciar esas violaciones a los derechos humanos.
Ayer Piña explicó que su voluntad es «defender la democracia», al ser consultado sobre las declaraciones del Papa de que la Iglesia no actúa en política. «Nosotros no hacemos política, defendemos la democracia. Lo que entienden por política aquí es la lucha por el poder. Nosotros no pretendemos poder. Buscamos solamente defender la democracia», dijo el religioso de 76 años, primer candidato del Frente Unidos por la Dignidad.
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