5 de septiembre 2007 - 00:00

Fenómenos que explican lentitud

Juan Schiaretti
Juan Schiaretti
Córdoba (especial) - El valor, el real interés, particularmente de Luis Juez, sobre el resultado de la elección, sobre los mecanismos de control y sobre lo que la Justicia Electoral hizo, haga o deje de hacer, es, a esta altura, secundario. El daño está hecho, cualquiera sea la salida a esta situación. Parece que Córdoba entró de lleno al mundo de Néstor Kirchner. Sólo importa lo que titulan los diarios o dicen los medios. Pasa lo mismo que a nivel nacional sucede con temas como el INDEC, las petroleras, las reservas y las inversiones chinas. Pero mejor será identificar los cómo y los porqués básicos del culebrón electoral mediterráneo. Repasemos.

¿Cuáles son las razones que supuestamente justifican las dudas de fraude expuestas por Luis Juez?

  • Las demoras en el cierre de los comicios. Los apoderados juecistas aseguran que hubo un complot entre la Justicia Electoral, el Ministerio de Educación y el Correo Argentino para que las escuelas abrieran tarde, demorar el cierre de la elección y manipular datos.

  • En realidad, si se calcula la cantidad de votantes efectivos por mesa se observa que cada uno contó con menos de 2 minutos, esto si se daba la improbable situación de que no se discontinuara en ningún momento la asistencia. Pero, en verdad, el tiempo real que demandó votar fue en promedio muy superior porque cada candidatura se dispersó en una sumatoria de votos y había más de 40 boletas que confundían.

    Curiosamente, quien pidió que se habilitara la sumatoria de votos fue el juecismo, algo que la Justicia debió rechazar por ilegal y que no hizo por temor a «victimizar» a Juez. A eso había que sumarle dos boletas por una consulta sobre el servicio de agua. De manera que ver una irregularidad o un mecanismo de complot casi de categoría KGB en este hecho es un verdadero disparate. Lo cierto es que si hubiera asistido sólo 5% más de electores, las escuelas habrían estado con votantes hasta las 12 de la noche.

  • El juecismo cuestiona la eficacia del sistema del Correo. El apoderado de la lista que perdió dijo que se caía el sistema, que los telegramas no tenían control de cargas y que le impidieron ingresar.

    Lo real es que faltaron datas enter. Había 120 máquinas habilitadas, y por la complejidad ya descripta hubieran sido necesarias 80 más. Hubo telegramas que arribaron después de las 3 de la mañana, y en un lapso de 4 horas se habían acumulado tantos que colapsó la mecánica. Pero eso significó demoras porque se cumplió con el precepto de triple control. Esto es, a cada telegrama se lo cargó en sistemas paralelos por personal diferente y se los comparó. Sólo se los pasaba al cómputo preliminar si los registros coincidían. Y lo que es más importante: se probó que nunca se cayó el sistema y que los fiscales comunes e informáticos de cada partido nunca dejaron la sala de cómputos. Esto ya deja alguna duda sobre el hecho de que la pelea pícara de la política no haya mutado, en esta oportunidad, en una mala fe lisa y llana.

  • El apoderado de Juez dice pide contar voto por voto, pero el recurso presentado solicita que se cumpla con lo que se conoce como escrutinio definitivo y está contemplado por la ley, lo pida alguien o no.

    Lo que la lista de Luis Juez solicitó a la Justicia es lo que la Justicia debe hacer normalmente. No hay nada de excepcional. No contemplan ni la ley ni la jurisprudencia abrir aquellas urnas donde los fiscales de los partidos, incluidos los de Juez, dieron conformidad. Es legal pedir que se controle que las cifras de las actas firmadas por los fiscales coincidan con los telegramas y que ese registro coincida también con lo realmente cargado en el Correo. Eso es lo que se pidió y es correcto. Pero lo que arengan en los medios, con discurso inflamado, es otra cosa.

    En síntesis, todo suena goebbeliano. Y los actores de la novela lo saben. Juan Schiaretti tiene claro que asumirá con dudas, aun cuando lo real es que su ventaja, aunque exigua, es legítima. Eso lo debilita, lo condiciona y lo obliga a actuar movilizando militantes e interviniendo en los medios. Luis Juez también sabe que perdió la elección. Pero sabe que la sociedad electoral es un caldo de cultivo precioso para preparar las condiciones que requiere su futuro plan político: repetir las condiciones previas a lo que fue su candidatura a intendente municipal en 2003, ser la víctima de los poderosos, aparecer como el «no político», siendo, en realidad, el más clásico de esa especie.
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