Fondos de campaña: Cristina fuerza paz entre funcionarios

Política

Cristina de Kirchner intercedió finalmente ayer en la inusual pelea entre dos funcionarios que sólo se hablan a través de cartas documento. La Presidente firmó el decreto que le permite a la ministra de Salud, Graciela Ocaña, desembarcar en las oficinas de Héctor Capaccioli a hombres propios en las áreas clave del organismo y comenzar una reforma de los procedimientos que allí se siguen. De esa manera el gobierno le dio un respaldo mayor a la ministra, que venía reclamando más injerencia en el área que controla a las obras sociales sindicales.

Además, la norma cae también como una suerte de indulto para Ocaña, quien venía insistiendo ante el gobierno por la firma del decreto, por sus intervenciones acerca de las droguerías supuestamente fraudulentas que mandó a investigar y que aportaron fondos para la campaña de la fórmula Kirchner-Cobos, el año pasado.

Esa situación terminó definitivamente con el diálogo entre Ocaña y el titular de la Superintendencia de Salud, Capaccioli, quien fue el responsable de la colecta para el proselitismo electoral de los Kirchner. Los dos funcionarios se lanzaron públicamente acusaciones, al punto que Capaccioli, un hombre que llegó al gobierno bendecido por su amigo del secundario Alberto Fernández (también el ex funcionario llevó a Ocaña) había dicho que el asesinado Sebastián Forza había sido nombrado durante la gestión de Ocaña en el comité de acreedores del intervenido hospital Francés. oude

La ministra le respondió con una carta documento y el funcionario le remitió otra disculpándose para no llegar a los tribunales con el entredicho negando haber dicho eso. Además de hacer correr por un terreno resbaladizo al gobierno, el asesinato de quien tenía una droguería que supuestamente comercializaba medicamentos adulterados o robados al propio Estado agudizó la interna en el ministerio de Ocaña. El gobierno no ha querido desplazar a Capaccioli, quien tendría una silla esperándolo en el área de Trabajo, no sólo para no mover las piezas que tienen interés en la recolección de fondos de campaña, sino también para retener a los «albertistas» y no mostrar rencor por la retirada del ex jefe de Gabinete. En esa movida también Cristina de Kirchner buscó evitar el portazo sobre el que meditó Ocaña, renuncia que hubiera causado un daño mayor a la polémica sobre el financiamiento de la campaña electoral.

La noticia del decreto, publicado en el Boletín Oficial de ayer, sorprendió a Capaccioli fuera del país, en Santo Domingo, donde participa de un encuentro de gerentes de organismoscomo el que conduce. De todos modos, el funcionario dejó trascender una declaración en la que intenta convencer sobre que no mantiene «una disputa personal con la señora ministra» y que «confío en la calidad de gestión de las personas nombradas».

  • Dependencia

    La superintendencia es un organismo fuera de nivel dentro de la estructura del Ministerio de Salud, pero mantiene dependencia del mismo. Ocaña reemplazó allí al gerente general Diego Bustos por Diego García de García Vila, quien se desempeñaba en el ministerio como subsecretario. También designó como gerente económico financiero a Pedro Insausti, quien ya había trabajado con ella en el PAMI, y a Roberto Armagno en Control Prestacional. Ratificó también en el cargo al gerente de Gestión Estratégica, Gustavo Santero, un hombre del partido bonaerense de Tigre que se referencia con Sergio Massa pero también responde a Capaccioli y a Ocaña. Tampoco fueron removidos el gerente de Asuntos Jurídicos ni el de Servicios al Beneficiario -Horacio Ballesteros y Evangelina Dorola-, también referentes de Capaccioli. «Fue una solución salomónica», creen en la Superintendencia.
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