La autodenominada Fracción Trotskista es una emanación del Partido de Trabajadores por el Socialismo dedicada al debate ideológico en ese espacio de la izquierda; es decir a ese eterno marcar la cancha entre los grupúsculos con los que compite en el sueño de dirigir un proceso revolucionario. En el último número de su órgano, Estrategia Internacional, dedica un largo análisis a denunciar las desviaciones « piqueteristas» de sus primos del Partido Obrero de Jorge Altamira. La crítica principal a Altamira es que éste les atribuye a los líderes piqueteros y desocupados el rol conductor de la revolución que, según estos trotskistas, está reservado a los obreros industriales. Aquí lo principal de ese análisis, que sirve de mapa para entender los forcejeos entre los grupúsculos trotskistas en la puja por el declinante fenómeno de la protesta callejera. El título de ese editorial es claro, «Mitos y justificaciones sobre el 'piqueterismo'».
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El PO es subsidiario y cultor de una especie de apologismo del movimiento piquetero que llamaremos « piqueterismo» y que se refiere al ensalzamiento del movimiento de los desocupados como la refundación de una dirección política de la clase obrera. Esta « ideología» es justificada en nombre de la lucha por un programa que para el PO es la única garantía de superar los límites del movimiento piquetero.
El PO identifica el «piqueterismo» con la organización de los sectores «más explotados» de la sociedad, es decir, en palabras de Altamira con haber «puesto en movimiento al sector menos politizado» de la clase trabajadora, el que está llamado a ser la «vanguardia política». De esta manera el PO se desliza a una concepción semipopulista -al estilo Raúl Castells-que confunde e iguala las duras condiciones impuestas por la necesidad con la constitución de un sujeto social revolucionario.
Confundir el significado revolucionario de esta potencialidad con la reorganización de las fuerzas sociales de la clase trabajadora y el surgimiento de una dirección política que la encarne, lleva a un peligroso salto lógico. En primer lugar, porque se liquida a la clase obrera como unidad y se diluye la fuerza social efectiva de cada uno de sus sectores, abstrayendo -como si fuera posible-el piquete como fuerza territorial, del poder social que emana de la producción y los servicios, o peor aún en el caso del populismo oponiendo el territorialismo a la centralidad del proletariado.
En segundo lugar porque en nombre de la esencia revolucionaria de la pobreza se abandona la lucha por conquistar a la mayoría de la clase obrera y sobre todo sus batallones centrales concentrados y que son el nervio de las relaciones de producción capitalistas.
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