Con la intención de no salir perdedor del todo en la partida, el jefe de Gobierno porteño comenzó a dar señales de que está dispuesto a ser coherente con su primera convocatoria para ponerles fecha a los comicios antes de lo previsto.
Ibarra demorará todo lo posible la definición sobre la fecha. Todavía está pendiente en el Congreso, además, la norma que le transferirá el poder de convocar a elecciones de diputados nacionales por la Ciudad de Buenos Aires, un llamado que hasta ahora tiene como atribución el Presidente. Con esa excusa se tomará tiempo, pero la idea que amasa es no separar demasiado los comicios propios de los nacionales, por un lado para frenar cualquier intento de que un candidato a presidente perdedor intente disputarle la silla meses después (piensan en Rodolfo Terragno o Luis Zamora). Por otra parte, sus asesores lo alertan sobre la situación económica que no se solucionará en meses para darle impulso a su gestión y que en ese escenario el desgaste lo pondría en riesgo de bajar las chances a ser reelecto.
Mientras tanto, el frentista sueña con encontrar la pata peronista para conformar una nueva alianza o frente, pero no logra sumar adeptos de esas filas todavía.
Los aliados extrapartidarios con los que contaba en la Legislatura abrieron juego propio. Como ejemplo, el interbloque al que llaman «Barrio Chino» (Jorge Mercado, Ricardo Bussaca y Jorge Giorno) ensaya la candidatura a jefe de Gobierno del juez Silva Garretón, el primero en fallar contra el «corralito»; el ex belicista Enrique Rodríguez, quien mantuvo cierto apoyo al gobierno porteño hace un tiempo, integra los comandos de campaña de Adolfo Rodríguez Saá y sería él mismo un potencial candidato para la disputa porteña; otro ex aliado, Oscar Moscariello, participa ahora del lanzamiento de Mauricio Macri a jefe de Gobierno porteño.
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