Llegó y asumió la ministra de Defensa, Nilda Garré -también se fue a Caracas por el weekend para despedirse del general Hugo Chávez- y, como si hubiera estudiado desde antaño la performance de los militares argentinos, decidió modificar lo que había hecho con los ascensos su antecesor, José Pampuro, futuro titular del Senado y tercero en la línea de sucesión presidencial. Con mano enérgica, como era esperable en una mujer de carácter, retiró los pliegos de los nuevos generales y, por si fuera poco, no sólo borró lo que había firmado Pampuro, sino también lo que había refrendado Néstor Kirchner. Lo que se dice, una dama con temperatura hormonal.
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Pampuro debe rumiar su disgusto, mucho más los militares que suponían en orden la institución con los relevos y ascensos -ahora todos suspendidos- y Kirchner, para ser justos, queda un tanto en evidencia por torpeza a la hora de suscribir los pliegos. Algo así como no sabe lo que firma.
Pues la ministra -se supone que asesorada por el staff castrense de Horacio Verbitsky- decidió que no trepe en el escalafón Gonzalo Palacios, por quien habían pedido a los senadores el Presidente, su ministro y, naturalmente, el jefe de la fuerza, Roberto Bendini. Ella descubrió baches en el historial del militar y ordenó que pidiera el retiro, a través de un «proceda» al general Bendini. Pero, en este caso, Palacios tampoco escuchó el consejo o la orden y, más o menos en castellano, mandó a decir que si quieren que me vaya, deberán echarme. Casi una insolencia en una administración de insolentes.
• Traslado
Algo parecido sucedió con un traslado, el general Rodolfo Dick, quien había sido enviado por la Argentina como delegado castrense a los Estados Unidos. Tampoco le gustó a la Garré la historia de Dick y procedió a suspender su envío, algo así como el papelón de Rafael Bielsa a Francia. Nadie sabe qué ocurrirá con Dick, ahora, pues también Bendini (que fue quien lo destinó a EE.UU.) debe ser el encargado de reclamar su retiro. Toda gente que se mira sin prejuicios ni reproches al espejo.
Mientras, el resto de los ascensos permanece en observación, a estudio de los expertos de Verbitsky, quienes también -justo es decirlo- acompañaban a Pampuro en el Ministerio (se supone, claro, que antes lo hacían sin autoridad).
El cargo con el cual defenestran a Dick y a Palacios, luego de haberlos bendecido, es por responsabilidad penal transversal (casi un eslogan del kirchnerismo) cometida en tiempos del Proceso militar.
Aproximadamente, se arguye que si bien no hay constancias de que ellos participaron en apremios, secuestros o asesinatos, sí ocurrieron situaciones de ese tipo en esos destinos militares en los que ellos fueron entonces ubicados. Curiosa interpretación que permitirá juzgar no sólo a ellos, sino también a vecinos de la zona o transeúntes que casualmente alguna vez pasaron por esos lugares. Imputación que, lamentablemente para el Ejército de hoy, también le cabe al propio general Bendini, quien al poco tiempo de egresado (como sus pares hoy relevados y otros a punto de relevar) estuvo destacado en Granaderos. Y allí también ocurrieron episodios penosos que la Garré no quiere olvidar, aunque su frágil memoria le hace perder otros tan horribles de sus colegas de la guerrilla -y, tal vez, de ella misma-, algunos cercanos a su cartera, como colaboradores. ¿Por qué sólo a Bendini le corresponderá, si lo desean los jueces o el comisariato de Verbitsky, la responsabilidad penal transversal?
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