La mayor parte de los jefes del PJ se reunió ayer en la Casa de Tucumán en Buenos Aires para relanzar la Comisión de Acción Política que había sido creada durante las disputas entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde por la conducción del peronismo. Más precisamente en el congreso de Lanús de 2001. La misma tiene por finalidad hacerse cargo de la conducción del partido y estará integrada, tal como se resolvió ayer, por el jujeño Eduardo Fellner, el bonaerense Felipe Solá y el santafesino Carlos Reutemann, quien no asistió al encuentro porque está enfermo. El presidente de la Cámara de Diputados (hoy por hoy es quien representa más directamente los intereses de Eduardo Duhalde) será el secretario general de ese cuerpo.
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La decisión de lanzar esta comisión significa, de hecho, el desplazamiento de Carlos Menem de la conducción partidaria. Lo entendieron bien los ausentes: el pampeano Rubén Marín, el riojano Angel Maza y el salteño Juan Carlos Romero no estuvieron en la Casa de Tucumán. Sin embargo, Romero le envió una carta a Fellner sugiriendo que Reutemann ocupe un lugar en la mesa por haber estado fuera de los enfrentamientos que dividieron al PJ. En esa misiva, el salteño reconoce que el PJ está en estado de «acefalía». Una señal para los menemistas que podrían pretender la reinstalación de su jefe en la cúspide, como el mismo Menem se propuso según sus recientes declaraciones.
No estuvo tampoco en el encuentro del gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, ya que está fuera del PJ y preside el Partido Unión y Libertad.
• Conceptos
La sustitución de Menem no es el único aspecto de la reunión que tiene relevancia. En el documento que se suscribió hay dos conceptos especialmente importantes que deben ser leídos en conjunto. El primero es el apoyo al «compañero Néstor Kirchner y al gobierno justicialista recientemente asumido». Y el que le sigue es el respaldo a «todos los candidatos justicialistas a gobernador y legisladores nacionales y provinciales».
Esta manifestación podría ser interpretada como una condicionalidad. Algo así como decirle a Kirchner «te apoyaremos mientras nos apoyes». Y sería una interpretación correcta. Los mandatarios del PJ se adelantaron a relanzar la conducción partidariaantes de que la Casa Rosada avance con algunas decisiones que, se sospecha, ya están tomadas en la cabeza del Presidente.
Estas tienen que ver con la proliferación de candidaturas oficialistas pero no peronistas, que provocan recelo en el club de mandatarios del interior. La primera víctima podría ser Fellner, a pesar de su adhesión a la candidatura de Kirchner. En Jujuy el gobierno estaría alentando como gobernador a Sergio Daza y a Fellner le ofrecerían un cargo nacional para que no intente la reelección.
En Río Negro existe un temor similar: Kirchner prefiere que crezca Carlos Rosso por fuera del PJ antes que ver consolidada la carrera de Carlos Soria y Miguel Pichetto (hombre clave en el juego de poder nacional como presidente del bloque de senadores que integrará también la comisión).
En Chubut también existe un «kirchnerismo» en la figura de Marcelo Guinle y se discrimina a Mario Das Neves (expulsado de la Aduana con la excusa, cierta, de que Roberto Lavagna ya no lo quería allí).
Los ejemplos siguen y hasta Reutemann se siente amenazado por Hermes Binner (recibido por Kirchner desde los primeros días en el poder) y por el mismo Rafael Bielsa, a quien tal vez al Presidente le gustaría ver al frente de algún sublema provincial, según sospecha el propio gobernador.
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