27 de mayo 2002 - 00:00

Gobernadores PJ creen en un marzo electoral

Los gobernadores peronistas llegaron anoche a La Pampa con un dictamen casi unánime, pero secreto hasta el final de la negociación con Eduardo Duhalde: adelantar las elecciones presidenciales pero no de manera inmediata. La fecha que acordaron en reuniones que les ocuparon todo el fin de semana, entre telefonazos y encuentros parciales, es marzo de 2003.

Eso significaría un anuncio implícito de adelantamiento de la entrega del gobierno por Duhalde mediante una asamblea legislativa que aceptaría la renuncia del Presidente y buscaría la forma de que el nuevo presidente tuviera un mandato de más de cuatro años, entre la fecha de asunción y el 10 de diciembre de 2007. Algo similar a lo que se aprobó en la reforma de Santa Fe para un nuevo mandato de Carlos Menem, que terminó gobernando diez años y medio al adelantar la entrega del cargo Raúl Alfonsín, en 1989.

•Candidatos


Si esa idea avanza, el país podría estar eligiendo candidatos en diciembre próximo y de esa manera se forzarían varios hechos que estos peronistas consideran necesarios para darle al actual gobierno algún calor de consenso:

• Movilizar las filas del partido en función de una elección interna de autoridades que también el lunes promoverán delegados de Menem. Esa movilización le servirá, creen los gobernadores (entre los cuales no están ni Carlos Reutemann ni José Manuel de la Sota), a Duhalde para juntar adhesiones partidarias y desmontar cualquier conspiración para tumbar al Presidente de manera heterodoxa. Por caso, como le ocurrió a Fernando de la Rúa.

• Forzar a Duhalde a cumplir, efectivamente y sin dobleces (como surge de mensajes contrarios de los acólitos del Presidente), su palabra de que no será candidato a quedarse en el cargo que hoy tiene por designación del Senado. Esto lo repitió entre las últimas horas, así como también que no intentará ser de nuevo gobernador de Buenos Aires.

• Entienden que el anuncio de un cronograma electoral movilizará también a los demás partidos. En el Congreso tiene media sanción del Senado (y espera tratamiento en Diputados) la ley que ordena elecciones internas abiertas y simultáneas para elegir candidatos. Si la fecha de elecciones presidenciales es marzo, y la ley se aprueba, el país podría estar en diciembre próximo eligiendo candidatos. Como se anunció, el menemismo pedirá hoy en Santa Rosa elección interna de autoridades para setiembre próximo.

• Los esfuerzos previos a la reunión los debió extremar el gobierno para bajar las expectativas de que surgiera de allí un cronograma electoral.
Jorge Matzkin y Alfredo Atanasof -los operadores políticos del gabinete reformado hace tres semanas-parecieron incapaces en estas horas de imponerle al encuentro de La Pampa una agenda de temas favorables a los intereses del Ejecutivo. El orden del día lo terminaron disponiendo los gobernadores, la prensa y los opositores al gobierno, que mostraron a Duhalde como en capilla antes de entrar a una mesa de exámenes. Una ley no escrita dice que nunca un gobierno llama a los mandatarios si no les va a dar algo; de lo contrario, le terminarán sacando lo que no les quiere dar.

Duhalde pareció ignorar, al designarlo como ministro del Interior, las dificultades de Matzkin para moverse con la mayoría de los provinciales. Es pampeano y ese origen basta para ganarse el recelo de la mayoría de los gobernadores, que han visto siempre a esa provincia como una gran acaparadora, en tiempos de Menem, de privilegios importantes aunque poco evidentes. Matzkin dominó la Comisión de Presupuesto y Hacienda y el bloque del PJ con mano de hierro y las provincias chicas creen que no lo hizo en beneficio del interior.

• Lo mismo piensan los gobernadores que integraron el Frente Federal de otros pampeanos como
Rubén Marín, que acumuló mucho a favor de su distrito como presidente, durante todo el menemato, del Consejo Federal de Inversiones (un órgano interprovincial que maneja créditos y programas de ayuda a provincias). Tampoco les gusta que, cuando se creó ese frente, Marín, merced a su fuerte personalidad y respetabilidad dentro del peronismo, se erigió como árbitro entre ellos, los tres grandes ( Reutemann, De la Sota, Ruckauf) y Menem.

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