Parecía mentira. Entre una noche y la mañana siguiente duhaldistas y menemistas habían llegado a un acuerdo. Se intentaría sancionar la ley de lemas y, si no se consiguiere, se harían las internas el 23 de febrero. Documento público firmado por todos (Juan Carlos Romero por el sector del riojano) y contradocumento privado para garantizar las internas (si entre ellos los políticos desconfían de la palabra, qué les queda ya a los electores; pero es otro problema). Si parecía mentira, es porque era mentira. El jueves a la noche los duhaldistas formularon la oferta en el hotel Caesar Park. El viernes, los menemistas la aceptaron en el sindicato de rurales. El sábado, Duhalde rechazaba lo que habían hecho sus delegados. Este raid de dudas e incertidumbres (se sintetizan ya con el neologismo «duhaldear») las conocerá el lector en detalle leyendo la nota que sigue:
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En la mesa que aprobó el compromiso de sacar la ley de lemas -proyecto en apariencia abortado en menos de 24 horasse sentaron en el hotel Caesar Park: Mazzón (gobierno), Hammerli (Santa Fe), González (Chaco), Galantini (Corrientes), Matzkin, Camaño, Soria, Pampuro, Curto (Tres de Febrero), Guerrero (Tucumán), Amztutz (Mendoza), Juárez, Busti, Toma, Gioja, Puerta, Capitanich, Montoya (Córdoba). Empieza Puerta: «Hablé con Menem hace dos semanas y acepta la ley de lemas, la que suma, no la de Romero». Asiente y agrega Capitanich: «Yo hablé con Eduardo Menem, quien tiene un proyecto en ese sentido». Tercia el santiagueño Juárez y sugiere el sistema de su provincia, donde al ballottage van los dos sublemas más votados, no los dos sublemas de los dos partidos más votados (el clásico). Discuten, acepta finalmente que eso vale en su provincia, pero no en el nivel nacional ya que las dos fórmulas más votadas serían del peronismo y podría carecer de protocolo democrático. A su vez, el bloque manzanista (Toma, Gioja, Soria) sugieren insistir con la variante Romero ya que es la de más agrado de Duhalde. Se acoplan Pampuro y Mazzón. Pierden la votación.
Nadie imagine fácil esta discusión, ya que a veces intervino Hugo Curto, sindicalista venido a intendente y más inclinado a las prácticas de peceto. «No hay nada que arreglar con Menem. Ni internas ni generales el 27 de abril. El país se está salvando gracias a Duhalde, tiene que seguir hasta diciembre y luego ser el candidato del peronismo. Si no es por interna, lo ponemos a dedo en el Parlamento». Cierta furia en algunos rostros, pero Pampuro (médico de Duhalde, confidente además de Chiche), desvía: «Yo estoy todos los días con Duhalde, él no quiere esa variante. No va a ser candidato a nada este año». Igual no se calma Curto y, por supuesto, apela a otro fundamento gremial, la teoría Barrionuevo: «Llamemos a un plebiscito para saber si la gente quiere que el gobierno termine el 25 de mayo o en diciembre». Como estaba preparado, insiste: «Hacen falta un millón de firmas, las vamos a conseguir».
•Borrador
Se disipan los pleitos y, durante dos horas, hasta la una de la madrugada y casi sin comer, corrigen el proyecto de ley de lemas y hasta hacen el borrador del acta que le llevarían a Juan Carlos Romero al día siguiente. Se añaden elementos. Puerta sostiene que los lemas no sirven para elegir legisladores, pero sí para gobernadores. «Caso contrario, fíjense en Lole Reutemann». Capitanich agrega otro dato: «Podríamos incorporar una condición para los dos lemas partidarios: ninguno debería tener menos de 20%». Eso sirve para la UCR, ya que con varios sublemas podría llegar a esa cifra. No para Carrió. ¿Por qué darle ese regalo a la UCR?
Bueno, para que voten el proyecto en el Congreso. Después entraron en la minucia: tenemos 118 diputados, hacen falta 129. ¿Para qué está la Banelco?, opusieron con ironía. En el Senado, mientras, no hay problemas. No concluyó allí la reunión, ya que Juárez propuso engendrar un sublema con un representante de provincia grande y otro de vice de una pequeña. Replica Puerta: ¿Por qué no al revés? «No estaría mal, dice Capitanich, pero vos Ramón estás sonado ya que Misiones no es una provincia chica». Siguen las chanzas y Juárez incorpora: «Vamos con Capitanich-Soria». A lo que Gioja ayuda: «Con Soria se acabó la escoria». ¿Alguien vio un slogan más horrible?, preguntó uno. Bueno, ojo, afirma Toma, ya que con ese slogan ganamos la interna.
Día siguiente, ya en el sindicato de trabajadores rurales (UATRE), cuna del ex menemista y hoy duhaldista rabioso Mumo Benegas. El acta del día anterior salió por un tubo: Romero aceptó de inmediato. Es que si no se aprueba lo de los lemas, hay interna. Contento, pero desconfiado el salteño, con razón (al día siguiente todo se desbarrancó). Puerta puso fecha de interna para el 2 y Romero habló por teléfono con Menem, Kohan, Arias y Eduardo Menem. Otro acuerdo: el acta será secreta y sólo saldrá a la luz si se cae lo de los lemas. Confiaban en que Rodríguez Saá podría acompañar y, sobre Kirchner, ninguno quiso hacer predicción: la esposa ni siquiera quiso ir a la reunión de la mesa del Congreso, donde le gustó fotografiarse, argumentando que estaba lejos, en El Calafate, y muy cansada. La suerte de su marido, entiende, no es la de hace dos meses.
Los bonaerenses y afines ya estaban asustados en la última reunión: es que, al finalizar la reunión anterior, el Presidente empezó a «duhaldear» ante sus amigos con ¿será lo mejor?, o ¿cómo van a tomar esto los medios, la gente, los otros partidos? Al día siguiente, luego de la firma, todo se precipitó: desde Olivos, Atanasof, quien estaba con Duhalde y Mazzón, empezó a decir: «Lo que firmaron es una cagada». «Pero, si lo hicimos en nombre de Duhalde», se atajó Camaño. Ya el culata Curto decía que no había que firmar nada, inquieto porque los ahorristas se habían ido al sindicato y los insultaban. ¿Quién les avisó que veníamos?, se quejó, pensando en el puntapié en el trasero que le pegaron en una final en Paraguay. Terminaron con firma, garantizando Camaño, pero con rispideces entre los duhaldistas, ya que ninguno estaba convencido de lo que pensaba su jefe. Se apartó Montoya de la firma argumentando que su jefe, De la Sota estaba en Brasil. Lo que vendría al día siguiente ya estaba escrito, a pesar del compromiso, de la firma y la palabra. El documento es como un plazo fijo antes del «corralito».
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