De regreso, tras su descanso «de armado» en El Calafate, Cristina de Kirchner y su esposo presidente retomarán la actividad pública con agenda internacional mientras, contra reloj, seguirá el orejeo de nombres y figuras para el futuro gabinete.
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Encriptados, los Kirchner se recluyeron casi toda la semana en la residencia que la familia tiene en esa villa turística dejando a los operadores del kirchnerismo agitados y haciendo pronósticos en el aire. Al punto de que hasta se ponen en duda certezas de hace tres días.
La última aventura mediática se lanza a teñir de incertidumbre lo que desde antes de la elección era considerando un hecho consumado: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, seguirá en su cargo más allá del 10 de diciembre. Y que será pieza clave del armado cristinista.
Un puñado de palabras de Carlos Kunkel -que para el imaginario político sólo dice lo que quiere Néstor Kirchner- críticos del PJ porteño, del que es jefe el jefe de Gabinete, trataron de traducirse como un velo de sombra sobre la continuidad de Fernández.
En rigor, pocos lo creen. Parece un hecho irreversible que tanto el porteño como Jorge Taiana (alguna vez se habló de Carlos Bettini para Cancillería), como Miguel Peirano y Alicia Kirchner continuarán en el elenco oficial durante el año próximo.
Especulación
Lo demás es pura especulación. Hay una ristra de «postulados», propios y por boca de otros -a veces para «quemarlos»-. Un detalle sobre los que suenan para integrar un staff que, pretenciosa, la primera dama se anima a calificar de «brillante». A saber:
Además de la continuidad, en teoría asegurada, de Fernández, Taiana, Peirano -quizá con el ministerio desdoblado- y la hermana Alicia, en zona gris circula el destino de Nilda Garré de Defensa. Para ese despacho lo han mencionado a Aníbal Fernández, pero salvo eso, no hubo más precisiones. Más de un traspié estorbó la gestión de Garré a pesar de lo cual se habla, casi por olvido o por falta de pretendientes, como de su potencialcontinuidad.
Las versiones sobre que Alberto F. decidiría tomarse un descanso o pasar a un área de menor exposición que la Jefatura de Gabinete -que comentan algunos gremialistas y dirigentes que suelen vitorear a Julio De Vido- chocan con un dato poderoso: cierta vez, la electa puso como condición para ser candidata que Fernández permanezca, al menos por un tiempo, en el gobierno. Nada, por ahora, indica lo contrario.
A pesar de rumores contrarios -que echa a rodar un dirigente que sería beneficiario de una eventual permanencia en su cargo o una butaca en un organismo internacional-, la salida de Daniel Filmus se supone irreversible. «Si no se va, se le agota credibilidad y sería un suicidio si quiere pensar en serio para ser alguna vez jefe de Gobierno porteño», cuentan los voceros kirchneristas. Tedesco o Alberto Sileoni asoman como las alternativas, pero no falta quien agrega un tercer nombre: Adriana Puiggrós.
Sin nombre de reemplazo -nadie se postula como para Defensa- Ginés González García se reserva, todavía, una luz de esperanza sobre su eventual continuidad como ministro de Salud. Lo abruma pensar en la Legislatura porteña -lugar al que hará lo imposible por no ir-y agota los últimos días de la gestión Néstor buscando mensajes en los rincones sobre la chance de convertirse en ministro de tres presidentes: empezó con Eduardo Duhalde, siguió con Kirchner y fantasea con permanecer con la primera dama. Se trataba también del santacruceño Juan Carlos Nadalich.
Interior, cartera que quedó licuada en su peso político porque Kirchner centralizó los nexos con gobernadores e intendentes en sí mismo o los derivó a Alberto Fernández, es la más cotizada: Eduardo Fellner, Nicolás Fernández, Héctor Icazuriaga y Florencio Randazzo aparecen mencionados para ocupar ese sillón. Se supone que recuperaría algo de la influencia de otros tiempos sobre todo si el que la ocupa es un sureño con línea directa con la presidenta como es el caso de Icazuriaga y de Fernández.
Al vacante de Interior, Aníbal Fernández, lo persigue una frase nacida del seno mismo de la Casa Rosada: «No hay margen para que los dos Fernández -Alberto y Aníbal- sigan en el gobierno con Cristina». Salvo que se dé lo inesperado y salga el porteño, el quilmeño rankea para quedar si un cargo relevante -quizá un lugar menos expuesto- en los primeros meses de 2008.
A Fernández lo mencionan para Trabajo, pero allí pujan dos «pesados»: Alberto Fernández quiere ascender a Héctor Capaccioli y Hugo Moyano insiste con la vieja intención de que esa cartera sea ocupada por un hombre del sindicalismo, que para él debería ser Héctor Recalde. No parece lo más probable.
Hace quince días, este diario informó sobre el cambio de planes en torno a De Vido y la intención de que el ministro de Planificación continúe en su cargo tras la llegada de Cristina de Kirchner aunque, en principio, por unos meses hasta que cierre su gestión, incluyendo todo el ejercicio 2007. Aquella hipótesis está sólida. Sin embargo, Cristina Fernández escucha que le dicen al oído que es necesario dar un mensaje a los sectores medios y ese mensaje sería «desplazar» a De Vido. ¿Podría ir en su lugar un gobernador que termina su mandato en diciembre?
Para Justicia -para Alberto Iribarne hay algún despacho reservado- y Secretaría General de la Presidencia aparece un mismo nombre: Carlos Bettini, a quien además lo empujan como potencial contrapeso de Alberto Fernández. Los que conocen al embajador dicen que Bettini no se prestará a ese juego y ponen en duda que recale en la Secretaría General, lugar que ocupa Oscar Parrilli.
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