Resignados a la evidencia de que no resuelven nada y que sólo perjudican al comercio y el tránsito entre vecinos, los ambientalistas de Gualeguaychú podrían levantar a fines de febrero el bloqueo que mantienen desde hace más de un año en el Puente General San Martín. Ya ni siquiera influye en el turismo que recibe Uruguay, que en esta temporada creció incluso en la presencia de argentinos. Mientras los asambleístas de Colón levantaban ayer su corte y los de Concordia ni siquiera llegaron a plegarse, comenzó a cobrar fuerza el deseo de terminar con la medida entre los miembros más moderados de la Asamblea de Gualeguaychú. La intención de esos sectores es entregar en forma simbólica el corte a sus pares uruguayos y modificar desde esta orilla la lucha contra la pastera Botnia. ¿Exito de la estrategia de desgaste impuesta por el gobierno a los ecologistas más acérrimos o natural desenlace para un conflicto mal encarado?
Las masivas marchas al puente internacional que une Gualeguaychú con Fray Bentos podrían
volverse una medida excepcional ante el replanteo de los asambleístas entrerrianos.
El prolongado conflicto entre Uruguay y la Argentina por la instalación de Botnia podría dar en los próximos días un giro inesperado si la Asamblea de Gualeguaychú finalmente levanta el corte que mantiene desde hace más de un año en el puente General San Martín, que une esa ciudad con Fray Bentos.
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La decisión llegaría a más tardar hacia fines de febrero, en coincidencia con la culminación de la temporada de verano y en simultáneo con el inicio de una nueva etapa en la lucha de los entrerrianos contra la presencia de la pastera.
El radical desenlace sería, en realidad, una consecuencia lógica de este movimiento social surgido primero para hacer oír el reclamo de un pueblo y convertido después en un verdadero dolor de cabeza para el gobierno argentino. Y para los propios entrerrianos, también.
Ahora la mayor parte de los vecinos enrolados en la pelea contra la pastera finesa plantea la necesidad de retomar el diálogo porque los cortes «no resuelven nada», ya que los temas medioambientales quedan soslayados y sólo se perjudica el comercio, el turismo y el tránsito de vecinos de localidades con intereses comunes.
La posibilidad que por estos días comienza a analizar el seno de la asamblea es que el emblemático corte de Gualeguaychú se convierta en una herramienta excepcional para ser utilizada por los ecologistas sólo en forma sorpresiva. De esa manera creen que podrían revitalizar el concepto de bloqueo que hoy resulta casi imperceptible -salvo que se sumen los cierres en los otros dos pasos a Uruguay- debido al acostumbramiento que se ha generado tanto de uno como del otro lado del río Uruguay.
«Es como si allí no hubiera habido nunca un puente con la Argentina», leen desde la orilla de Fray Bentos quienes optan por recorrer otros 200 kilómetros hacia Paysandú para cruzar vía Colón.
Ni siquiera el impacto en términos de caída de turistas ha sido igual este año: días atrás el gobierno de Tabaré Vázquez anunció que el turismo creció 2% en 2007 a pesar de los cortes en la frontera con nuestro país.
-¿Habrá ganado el gobierno en su estrategia de apelar al desgaste de los entrerrianos?, preguntó este diario a un dirigente clave.
-De ninguna manera. El desgaste en la ruta es el fortalecimiento de otra serie de acciones que serán incluso más molestas que el bloqueo en el puente.
Se refiere a un concepto de mayor organización en términos de movimientos ecologistas que serán ejecutados en simultáneo con grupos uruguayos, en el marco de la denominada Asamblea Regional del Río Uruguay creada hace algunos meses en Nueva Palmira. Ese fue, en rigor, el comienzo del fin del bloqueo en Gualeguaychú que en este momento genera más perjuicios que beneficios.
Desafío
Para poner en marcha el plan de lucha planean entregar, en forma simbólica, el corte de Gualeguaychú a los ecologistas uruguayos. «A Botnia la van a tener que echar los orientales», desafían quienes están seguros de que la presión local podría ser incluso más potente que la ajena.
La intención de los dirigentes entrerrianos que dieron origen a la mayor protesta ambiental que recuerde la historia argentina es desmantelar el corte sin que parezca una derrota.
«Hay muchos soldados cansados», dicen para explicar -aunque lo nieguen- el notable debilitamiento de la logística en el puente, que este fin de semana no logró mantener tampoco el cierre del cruce por Colón a pesar de que el viernes se lo había retomado por tiempo indeterminado, y mucho menos el de Concordia donde persiste una orden judicial que impide los cortes de ruta en esa ciudad.
«Tenemos fondos y gente como para quedarnos en la ruta otros treinta años, pero el corte está perjudicando a los nuestros», trató de racionalizar otro integrante de la Asamblea en diálogo con este diario.
Aunque el conflicto no tiene perspectivas de solución en el corto plazo, ante la ausencia de diálogo entre los gobiernos, la distensión por el desbloqueo en la frontera podría aportar cierta dosis de optimismo.
El gobierno argentino insiste cada vez que puede en la necesidad de que los ambientalistas levanten los cortes para no perjudicar la estrategia judicial que se sigue ante la Corte de La Haya por la presunta violación del Tratado del Río Uruguay de 1975, acusación que Montevideo rechaza. El último pedido lo efectuó este fin de semana luego de que la cancillería uruguaya manifestó su «molestia» por la situación de nuevos cortes, y anunció que remitirá una nota a la Corte de La Haya. Un diálogo facilitado por la corona española en 2007 terminó sin resultados en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile en noviembre y el fracaso definitivo se produjo luego de que el entonces presidente Néstor Kirchner manifestara en Santiago su apoyo a los ambientalistas de Gualeguaychú, tras lo cual su par uruguayo habilitó desde la capital chilena el comienzo de las operaciones de Botnia.
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