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Insuficiente resultó 24,36% que esa noche cosechó Menem, a pesar de que él sostuvo que, a partir de ese porcentaje, la segunda vuelta sería «un trámite». En rigor, el trámite fue para Kirchner, ya que éste con 22% se proyectó como seguro ganador para la instancia electoral pendiente, lo que no llegó a probarlo debido al retiro del riojano. De la noche a la mañana, la población consagraba sin votar a un desconocido casi hasta para el bonaerense que lo patrocinaba (lo cual hoy es una evidencia) o, lo más cierto, rechazaba a quien había gobernado el país durante los '90. Delicias de la democracia argentina.
Habrá champagne entonces en Olivos y amargura en Santiago, más porque sobre Menem llueven cada vez más pedidos de captura. Del poder a la cárcel como de la cárcel al poder para Menem, casi un remedo de un clásico libro sobre el sino de varios líderes africanos. Del cual, en apariencia, tampoco hoy se marginan Duhalde y Kirchner, cuyos obsecuentes anticipan denuncias y carpetas a granel, como un sinfín delictual en una pugna política ya abierta. Están los que hablan del Banco Provincia a las muertes de Kosteki y Santillán como puntas de un rosario a investigar, mientras del otro lado sugieren pesquisas sobre documentación personal de altos ministros, dos asesinatos en el negocio de la pesca, dinero congelado en algún lugar del mundo que no vuelve y menudencias relativas a la administración. Curiosa paradoja del que ganó, del que perdió y del tercero que ahora aparece pírricamente comprometido.
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