8 de junio 2001 - 00:00

¿Hacia una nueva Puerta de Hierro?

¿Hacia una nueva Puerta de Hierro?
- ¿Llamó Raúl Alfonsín?

-No. -¿Llamó Fernando de la Rúa? -No.

Ninguno de los dos jefes radicales, ambos mandatarios, uno con menguado mandato cumplido y otro en actividad, tuvieron siquiera la gentileza de comunicarse con Carlos Menem ante la desgracia. Ni antes ni después apostaron a una mínima lealtad con la investidura que tienen o tuvieron, ni a la ventaja política que puede suponer -y generalmente así es reconocida-un gesto piadoso o de urbanidad en momentos extremos. Se despreocuparon hasta de la pertenencia al mínimo gremio de presidentes de la democracia. Nadie les reclama solidaridad o acompañamiento, apenas quizás un acto testimonial. Tampoco pueden alegar timidez: quien piensa y no obra engendra peste, según escribió alguna vez William Blake.

Y bien podría Menem exigir otro tipo de correspondencia: fue él quien se ocupó de que en su administración nadie se atreviera a levantar la alfombra del gobierno Alfonsín; por el contrario, se preocupó en blindar hasta las sospechas sobre Loma de La Lata o el caso del Banco de Italia. Ni hablar de enjuagues sobre armas, tan o más cuestionables que los del peronismo. Por mencionar sólo ciertos casos de aquel final infausto del radicalismo. Después, por si esto fuera poco, ambos suscribieron un pacto para la reelección del cual Alfonsín también tuvo su premio. Y no sólo con la inclusión de reformas peregrinas -el tercer senador o el Consejo de la Magistratura-sino con una declaración insultante, suministrada por un correligionario de nota, el hoy embajador argentino en el Uruguay, líder del radicalismo en la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel Casella. En ese momento, ante la consumación del pacto, el todavía no diplomático Casella se refirió con desenfado a las presuntas «valijas» que se pagaron por la concesión de su partido a otro ciclo presidencial de Menem, dato que se supone estaba más referido al contenido de las maletas que a los conocimientos del bonaerense sobre la marroquinería.

Affaires diluidos

También a De la Rúa el hoy encarcelado Menem podría demandar algún reproche. ¿O acaso él mismo no se preocupó para que se diluyeran judicialmente los affaires de los hijos del hoy presidente en la Facultad de Derecho? O la cancelación -en rigor, suspensión, ya que aún pende esa causasobre el jardinero que De la Rúa tenía en su quinta de Villa Rosa y que percibía remuneraciones del entonces Concejo Deliberante. Por no hablar de otras intimidades -ya que Menem no quería que le hicieran a otros lo que le habían hecho a él-o de los favores de algún empresario con la familia hoy presidencial. Para evitarle sobresaltos a De la Rúa le derivó a su hombre de más confianza, Carlos Corach, quien de tanta terapia en los desayunos hasta se infectó de radicalismo (por no hablar de otros trasiegos). Hace poco, en ese cuidado personal al Presidente, hasta se molestó con quienes le llevaron el nombre y la aseveración del martillero que afirmaba haberle vendido un departamento en más de dos millones de dólares, en la calle Gelly y Obes, al joven Antonio, novio de Shakira e hijo del mandatario. Es cierto que entonces la Justicia -casi la misma de hoy-debía ser adicta al menemismo, como siempre denunciaban los radicales, pero habrá que convenir que de ese dominio algunos réditos fueron para el radicalismo.

Naturalmente que ambos, Alfonsín y De la Rúa, son dueños de su propio silencio, pero no debieron ignorar el afrentoso episodio de ayer. Que no fue exactamente la detención de Menem, un ex presidente de la República, elegido además dos veces por voto popular, sino la forma humillante a la cual llegó éste a enterarse de la noticia. ¿Puede un gobierno dejar en forma tan desguarnecida a un ex mandatario, no protegerlo en la calle, en el auto, en la llegada a Comodoro Py? No se concibe, ni aun por su propia conveniencia, que De la Rúa evitase preocuparse por la persecución, el manoseo, la avalancha y hasta los topetazos que sufrió el vehículo de Menem. Es un ciudadano común, sin duda, pero por haber estado una década en la Casa Rosada merecía una atención y una protección policial más apropiadas. No hay explicación que justifique ese desorden, la imprevisión, el vejamen. Hasta se puede admitir que no lo llamen por teléfono ni lo visiten, pero que ni siquiera lo cuiden excede cierto límite.

Fue una vergüenza ese periplo entre Martínez y Comodoro Py, como lo es para el país todo el episodio judicial de Menem: si hay culpabilidad en él, no por un error político como hoy lo castiga el juez, sino por una presunta malversación que es hacia donde apunta la investigación (de ahí los pedidos por enriquecimiento ilícito); aunque también es una vergüenza si no resulta culpable por haber sido imputado como consecuencia de presiones e intereses políticos y mediáticos, de afanes protagónicos y demagógicos, lo que constituye también otro tipo de humillación y no sólo para la víctima. Habrá que esperar para esto, para decir -como se ha predicado-que no hay justicia porque se libera a culpables o que tampoco hay justicia cuando se encarcela a inocentes sin pruebas, situación aun más gravosa que la anterior.

Aislamiento

Lo que tal vez no admita paciencia ni reflexión, en cambio, es el desolado aislamiento al que Menem fue sometido por gente de preciada lealtad como De la Rúa y Alfonsín, aunque todavía más seria fue la ausencia del gobierno en no proteger o custodiar a quien invistió la primera magistratura. No han cuidado ni las formas. La figura de «estatua de plaza» -no te lleva a ningún lado-con la que ha sido calificada esta administración es equívoca: ya todos empiezan a imaginar que conduce a un destino no deseado, mientras a las penurias conocidas (desocupación, depresión estructural, alto riesgo-país, inseguridad) ahora se les suma el odio entre peronistas y «contreras», entre «negros» y «gorilas», ese lado oscuro de la política argentina que uno suponía enterrado. Los dos jefes radicales, en su desidia frente al adversario, son capaces de reflotar viejos y encarnizados odios, también de convertir a una quinta en la Ruta 202 en una nueva Puerta de Hierro.

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