21 de marzo 2026 - 17:52

Haroldo Conti, por su hijo: una ventana que, 50 años después, sigue estando allí

El escritor y periodista fue secuestrado el 5 de mayo de 1976. Una reflexión de uno de sus hijos, Ernesto, a 50 años del golpe militar.

La ventana por donde logró escapar la mujer de Haroldi Conti con dos de sus hijos.

La ventana por donde logró escapar la mujer de Haroldi Conti con dos de sus hijos.

Podría decir que en esta ventana comenzó todo. Podría decir que dónde todo comienza, una historia termina. En estos días se cumplen 50 años desde que mi madre escapara por esa ventana, llevando en sus brazos a dos de sus hijos. Podría decir que esa historia nunca terminó y quizás, podría decir también que nunca empezó. Podría. Pero no puedo.

Desde alguna ventana la imagen se repetía semanalmente. El encuentro se daba los viernes por la tarde. El abuelo solía recostarse en su poltrona, un sillón bajo y amplio, con respaldo acolchado y cojín negro sobre el asiento, con varias muescas de hierro para dejar caer el respaldo. Su nieto, de no más de 6 años, acostumbraba sentarse en una butaca al lado de su abuelo. Lo acompañaba en los ademanes y había complicidad en sus miradas.

Al abuelo, orillando los 80 años, se lo observaba lento en sus movimientos, las manos le temblaban en reposo por su avanzado estado de Parkinson. Y frecuentemente era asistid por una muchacha mientras su nieto lo miraba con tristeza y ternura. Sobre el muslo izquierdo el abuelo solía apoyar su brazo sobre un cuaderno, lo cuidaba celosamente como un estudiante a su bitácora de trabajo de años de estudios y bocetos. El nieto siempre quiso hacerse del cuaderno, pero encontraba en su abuelo una resistencia inusitada. Pero una tarde, todo cambió. El abuelo, asistido por la muchacha, se dirigió a la habitación contigua. Por descuido, dejó caer el cuaderno y éste quedó al alcance de su nieto. El niño lo agarro como haciéndose de un botín y, mientras miraba de reojo la puerta cerrada de la habitación contigua, abrió el anotador de su abuelo. Estaba en blanco. Cientos de páginas en blanco.

El nieto corría las hojas rápidas y desprolijamente para no ser advertido por su abuelo. Pero nada. Todas estaban en blanco. Acomodó el cuaderno en la butaca donde solía sentarse y espero inocentemente al abuelo. A su regreso, el abuelo se recostó sobre su silla e intentó manipular su cuaderno. Le resultó incomodo y doloroso agacharse, por lo que su nieto se lo alcanzó y le dio un beso. La imagen era tierna, conmovedora y daba pena por el deterioro avanzado en la salud del abuelo.

Al hacerse del cuaderno de nuevo, el abuelo miró a su nieto. El niño, entonces, le preguntó por qué cuidaba tanto ese cuaderno si estaba todo en blanco y no había nada que leer ni dibujo que colorear. Y es entonces que el abuelo le respondió: "Porque en mis memorias no hay historias que puedan llenarte de orgullo, porque en mi legado sólo llevarás penas, y porque con estas manos no puedo escribir sobre la vida ni del amor". El niño, entre lágrimas, le preguntó el porqué de esas palabras. El abuelo suspiró profundamente y le contestó: "Porque en mis memorias sólo hay celdas con hombres y mujeres ensangrentados, porque en mi legado dejo a nietos como vos, sin padres y sin abuelos; y porque mis manos, hoy temblorosas, han sido cómplices de causar tanto dolor que hoy ya no pueden torturar más a nadie"

A 50 años del secuestro y asesinato de mi padre, aquella ventana sigue allí. Fue y es testigo de esta historia que se multiplica por miles. A través de ella escapamos con mi madre y mi hermana. A través de ella, hoy mis hijos están orgullosos de las memorias de su abuelo, del legado de lucha y amor y si pudieran acariciar sus manos, encontrarían en ellas, la suavidad y la ternura que la historia les robó.

*- Ernesto Conti es uno de los hijos de Haroldo Conti, escritor desaparecido en la última dictadura.

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