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Los carteles, impecables en letras rojas iguales en todos, desde ya marcan preparación previa. Pero ¿acaso no es organizada la mayoría de los restantes, sobre todo contra Menem? Al menos estos activistas no violan comercios aprovechando su número.
Carrió, con defensa obvia, aprovechó el aire televisivo para responderles en vivo a quienes gritaban y «crucifijeaban» fuera del canal: «No culpo a los que me están escrachando. Los mandan, los utilizan y les pagan. A quienes no perdono es a quienes los usan». Cuando terminó el programa, a la diputada se le facilitó escurrirse rápidamente en secreto, pese a su voluminosa figura, pero a las puertas de la emisora quedó un grupito que siguió siendo televisado por el programa «Después de hora». Ya parece al revés: el que en esta época no sufre un «escrache», casi es considerado políticamente inexistente, ingrávido.
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