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Jorge Devoto, «el Topo». O «Popo», como incorrectamente lo llaman los diplomáticos de carrera. El contendiente, receptor del mamporro, fue Marcelo von Schmmeling, a quien se conoce desde hace años como «Maradona». Integrantes del entorno íntimo de Rafael Bielsa, los dos, «Topo» y « Maradona», se pelearon a las trompadas por una razón clásica en este tipo de episodios: el control de la cuenta publicitaria.
Para entender lo que sucedió allí la semana pasada hay que reconstruir los fragmentos de la historia, como lo hicieron varios ministros y consejeros de segunda en el Palacio San Martín. Todo empezó cuando hubo que determinar la agencia de publicidad que tomaría la «cuenta Bielsa», es decir, la empresa que se haría cargo de promover la imagen del ministro como primer candidato a diputado porteño por el oficialismo. Devoto, que se maneja en el mercado por su empresa de publicidad en la vía pública, se apresuró a recomendar a Grafitti, una de las marcas conocidas en la Capital.
Sin embargo, los de Grafitti fueron al encuentro, al que también asistió «Topo». En el piso 13 dispusieron de una sala especial. Los de la agencia publicitaria venían con la ferretería habitual: «power point», paneles, videos, fotos de cartelería, efectos musicales... Nada de eso pudo ser usado. Cuando Devoto advirtió que Schmmeling se dirigía hacia la sala de reuniones, lo tomó desde atrás e inició el match.
«¿Ustedes están locos? ¿Qué es esto? ¿Son tarados? Se suspende la reunión», dictaminó el canciller, como pocas veces fuera de las casillas. Parecía Kirchner. Mudo, un solo testigo miraba la escena: el rosarino Lisandro Brebbia, un ex concejal amigo de Bielsa.
La disputa entre «Topo» y «Maradona» viene de lejos. Ambos expresan a dos corrientes del galimbertismo, su izquierda y su derecha. Como se sabe, ese movimiento -llamémosle así- del que Bielsa ha sido un adherente fervoroso cuenta con distintas formaciones según sus etapas. Devoto militó al lado de Rodolfo Galimberti en los '70, fue su lugarteniente,para decirlo en el lenguajesiempre militarista de los «montoneros». Su pieza literaria más memorable, en rigor la única, fue la solicitada que publicó en los diarios para denostar el casamiento de su amigo, «el Loco», en Punta del Este, rodeado de ricos y famosos.
¿Habrá sido ese glamour el que entusiasmó al joven Schmmelingpara acompañar a Galimberti en su última etapa empresarial? El contrincante de Devoto fue durante los años del delarruismo un fervoroso colaborador de Cecilia Felgueras. Cuando su jefa se eclipsó como el resto de aquel gobierno, «Maradona» fue rescatado laboralmente por Galimberti, quien lo adoptó como una especie de rareza sushi. A esta etapa «bungeyborniana» del amigo de Bielsa pertenece el competidordel «Topo». Hay que presumirque estas trompadas ya estaban inscriptas en aquellas alineaciones.
Para el canciller, que adquirió estaño diplomático en estos dos años y medio de desempeño en la política exterior, tranquilizar a Devoto fue un juego sencillo. Bastó una comida y esa calidez que en Bielsa nunca falta para que el «Topo» vuelva al redil. Dicen que Néstor Kirchner hizo lo suyo, recomendando una rápidareconciliación: él le tiene aprecio a Devoto, quien se ufana de recibir visitas presidenciales en su oficina de Hipólito Yrigoyen y Balcarce. En cambio, al que habría que darle alguna explicación es al rosarino Brebbia. Hasta hoy no entiende nada: «Estábamos en la Cancillería pero ese tipo de conductas no las he visto siquiera en la empresa 9 de Julio». Hablaba de la compañía recolectora de residuos de su ciudad.
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