Ibarra más cercado por preguntas puntuales en segunda interpelación
A pocas horas de lanzar el audaz plebiscito sobre su propia estabilidad como gobernante, Aníbal Ibarra transitó hasta pasada la medianoche por una ríspida segunda interpelación. El arco de la oposición y la barra de familiares que asistieron a la sesión en la Legislatura endurecieron los cuestionamientos, al punto que le votaron una moción de orden para que el jefe de Gobierno respondiese las preguntas de a una. El voto de esa moción, promovida por una joven, pero enérgica legisladora macrista (la debutante Soledad Acuña), fue una advertencia sobre su conducta elusiva en la mayoría de los cuestionamientos. La sesión igual transitó sobre temas de la gestión de Ibarra en torno a la tragedia en la disco Cromañón, de la cual hay muchos culpables, entre artistas, funcionarios y empresarios, mientras que la dirigencia especula sobre el resultado de la aventurada consulta que quiere Ibarra para renovar la legitimidad de su cargo, perforada por la muerte de 192 personas. Hoy presentará los argumentos para pedirla ante el Tribunal Superior de Justicia de la Capital e incluirá la solicitud de que la votación sobre revocatoria de mandato alcance también a su compañero de fórmula, el duhaldista Jorge Telerman, hoy vicejefe de Gobierno y que, en caso de renunciar Ibarra por un triunfo del No, podría asumir en su reemplazo. La propuesta no está exenta de riesgos, el principal, que el público busque someterlo a examen a Ibarra no ya sobre la responsabilidad en Cromañón sino también sobre las múltiples falencias de gestión, que van desde los baches hasta la basura, de la inacción en obras al malgasto del tercer presupuesto del país.
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Aníbal Ibarra pasó ayer por un duro trance en el segundo round de la interpelación por parte de los diputados porteños. El momento más comprometido fue cuando le votaron una moción para que respondiese pregunta
por pregunta los cuestionamientos.
Aníbal Ibarra a un examen más riguroso que la semana pasada. El jefe de Gobierno porteño debió responder una tras una las preguntas que le formularon los legisladores cumpliendo una moción de orden promovida por la diputada macrista Soledad Acuña, que mostró agallas de política experimentada. Su situación no fue mejor que la del viernes pasado, cuando la sesión debió ser interrumpida después de 10 horas de debate y luego de una fuerte pulseada con el macrismo.
Ibarra se sentó en el banquillo de los acusados media hora antes que los diputados, que demoraron en ubicarse en sus bancas. Sólo asistieron 32 de los 60 legisladores. Detrás de las butacas vacías ocuparon su lugar 70 familiares de las víctimas, portando imágenes de quienes murieron en la tragedia.
La sesión empezó donde había terminado, es decir, con la palabra de Jorge San Martino (Recrear). Hábil, el legislador porteño fue uno de los pocos que se animó a azuzar a Ibarra: criticó el modelo de control de la Ciudad y desafió al jefe de Gobierno a presentarse-ante la Justicia. San Martino habló de los famosos «legajos del aire» ( expedientes no escritos que tenían rápida resolución por la interesada intervención de algún funcionario de Gobierno) y lanzó 27 preguntas en una de las cuales interrogó a Ibarra si tenía o había tenido relación con Omar Chabán, propietario del boliche República de Cromañón.
«Con el señor Chabán no tengo ninguna vinculación», respondió tajante Ibarra y le pidió a San Martino que «no ponga en mi boca palabras que yo no he dicho», ante una afirmación del legislador en la que aseguraba que los controles a los boliches se hacían junto con los empresarios del sector.
En el recinto también se vivieron momentos de tensión. Fue cuando la madre de una de las víctimas comenzó a increpar duramente al jefe de Gobierno. «Hacete cargo, sos un cadáver político; mirame a los ojos», le disparó la mujer, cuya hija de 17 años murió en la tragedia (ver aparte).
Antes, Ibarra había mantenido un cruce con Jorge Enríquez (Juntos por Buenos Aires). El legislador y ex subsecretario de Seguridad -en época de Fernando de la Rúa-trazó un paralelismo entre su gestión y la de Ibarra. Acusó al transversal de tener un actitud soberbia e irresponsable y de preparar «una impecable puesta en escena en la que parece todos somos los culpables de 192 muertes».
Enríquez sostuvo que, con las mismas normas que fueron calificadas como obsoletas y anacrónicas por Ibarra, la subsecretaría que conducía «en un año clausuró e inspeccionó 904 veces los locales bailables clase C». Y le reprochó que en la noche del 30 de diciembre no hubiera «ni un solo inspector en el recital de Callejeros y sí que vayan 60 inspectores cuando se juega un partido de Boca o de River».
Ibarra respondió con un golpe bajo: «Recuerdo que, cuando se hizo Buenos Aires Vivo, murieron dos chicos electrocutados mientras presenciaban el espectáculo. Allí también hubo negligencia».




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