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26 de abril 2006 - 00:00

Ibarra razona ahora sobre candidaturas

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Aníbal Ibarra
El caso Ibarra espera todavía, a quien lo explique un cientista, quizás un narrador de ficción, como modelo de la vanidad de las ambiciones terrenales. Fue empujado a las tinieblas exteriores por un cóctel que mezcló broncas populares con picardías de comité y debilidades del máximo poder del país, que además puso a los protagonistas ante una ardua estimación de daños que aún no termina.

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El vértigo porteño por adelantar candidaturas a jefe de Gobierno -un cargo que ha demostrado ser tan fácil de lograr como de perder, lo que prueban respectivamente Jorge Telerman y Aníbal Ibarra- apura el posicionamiento de quienes pretenden competir el año que viene por ese puesto.

Aunque Ibarra no podrá técnicamente ser candidato, porque agotó los dos mandatos que habilita la ley, lo que haga electoralmente es una de las patas del armado, tanto del oficialismo como de la oposición, los dos extremos donde puede terminar jugando el gobierno nacional.

El destituido jefe de Gobierno soltó la lengua el día mismo en que se conoció el sobreseimiento de su ex secretario de Seguridad en el caso Cromañón. Fue para blanquear lo que había adelantado a sus íntimos, que será candidato a legislador por la Capital Federal y que se sentará -creído en que sigue manteniendo un capital electoral no resentido por el juicio político que lo mandó a su casa- a esperar ofertas.

  • Silogismos

  • Aquí un resumen de los silogismos de Ibarra que están entre la lógica y la confesión personal, pero que alimentan esa ilusión electoral del ex jefe de Gobierno, quien no sólo habla de su futuro, sino también del pasado reciente:

    1. La autocrítica: ¿qué hizo mal, quién se equivocó tanto que un caso como Cromañón terminó con un gobierno que no parecía tener amenazas graves? Primero que nada, haber minimizado al adversario. «Nunca creí que una Legislatura tan desprestigiada avanzara en un juicio políticoy menos que llegase a la destitución». Maquiavelo: no hay enemigo pequeño.

    2. Quién lo destituyó: no los padres de Cromañón, que crearon el clima. Fue el peronismo de la Capital Federal. «Me juntaron todas las facturas pendientes. ¿Quiénes? Carlos Grosso, Jorge Argüello, Helio Rebot, Eduardo Valdés. También aliados objetivos como el cardenal Jorge Bergoglio: la Iglesia nunca me perdonó lo que pasó con la exposición de León Ferrari.» Maquiavelo: nunca herir la fe ajena, menos cuando se gobierna a un conjunto donde conviven creencias fuertes, y menos desde la estética, donde los argumentos a veces son más irrenunciables que en la ética.

    3. ¿Y el gobierno nacional? «Me dijeron que los engañó Argüello, que les había dicho que tenía el voto de Rebot. Yo les tuve que avisar que se lo habían 'pitufeado' .Arruinaron todo; podía haber un acuerdo político con Eduardo Borocotó, hecho por mí, pero se les ocurrió llevarlo a la Casa de Gobierno para apropiárselo ellos. Cuando hubo que ir a buscar un voto, la convencí a Beatriz Baltroc. Decían tener seis votos, bastaban tres, pero ni eso». ¿Mala fe, torpeza? «No sé; había en el gobierno gente que decía también que si me destituían a mí se sacaban de encima el problema de Cromañón...»

    4. Hacia adelante: «Si me hubieran ayudado desde el gobierno a mantenerme en el cargo debería alinearme detrás de Kirchner. No lo hicieron, por eso estoy liberado del compromiso. Seguramente piensan, y con razón, que puedo servir para ayudar a una lista de ellos que lleve de candidato, por ejemplo, a Daniel Scioli. Pero tengo una encuesta que dice hoy, preguntándole a la gente por intención de voto y sin darles una lista cerrada, que tengo más intención de voto que Scioli a jefe de Gobierno. No puedo ser candidato a jefe de Gobierno porque agoté los dos mandatos. Pero sí soy candidato a legislador porque tengo que legitimar mi vuelta. Podría ser legislador porteño, que para mí es volver a empezar. Podría salvarme yo solo y encontrar algo para mí, pero tengo mucha gente que me sigue, incluso mucha gente que sigue en la administración de la Ciudad

    5. ¿Candidato del gobierno? «A lo mejor voy con Kirchner, pero también hay que ver si Hermes Binner no es candidato a presidente, no lo creo, va a ir a la gobernación, pero no estoy alineado hoy con nadie. Mi campaña va a ser diferenciarme de Mauricio Macri, ponerme en la vereda de enfrente de él. Le gané una vez, lo desafío de nuevo, a ver si insiste en la Ciudad o se va a la nacional». En esa pelea cree Ibarra que amplía su espacio, se diferencia y acumula en el anti-Macri que hay en Capital.

    6. ¿Y Telerman?: va a querer ser candidato. «Cuando estábamos los dos en el Gobierno ya hablaba de ser candidato en 2007. Seguro que va a insistir, pero si no es candidato del gobierno -como creo que ocurrirá - va a querer que yo lo acompañe. Me va a venir a ofrecer armar la alternativa progresista de la Ciudad, él de jefe de Gobierno, yo de candidato a diputado, legislador o a senador. Pero no imagino esa situación.»

    7. ¿Qué hace frente al rechazo en el público? «Ando muy bien con la gente; voy al supermercado, a la cancha, hago vida normal, nadie me insulta por la calle. Fui a la Copa Davis, 15 mil personas, me saludaron y nadie me silbó; eso no le pasa a un tipo que anda mal con la gente

    8. Miserabilidades: César Strassera -dice- lo defendió gratis. «Le debo un regalazo porque se negó a cobrarme un solo peso por la defensa y sabemos que, más allá del resultado, que no dependía de la defensa, trabajó muchísimo».

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