Esas cumbres, que imaginan secretas, tendrían como finalidad buscar un atajo en la crisis política de la Capital Federal, con el jefe porteño suspendido y el vicejefe a cargo en una situación incierta sobre lo que será su futuro, tanto si Ibarra regresa como si definitivamente queda desplazado.
El Presidente, si bien le tramita el pasaporte a Ibarra para que participe de cuanto acto hay en la Casa de Gobierno (el primero en carácter de suspendido al que asistió fue la asunción de los nuevos ministros), no le ha dado señales claras de cuál es la postura que adoptarán los tres legisladores que integran la sala de juzgamiento compuesta por 15 diputados, donde Ibarra hasta ahora cuenta con apenas dos votos a su favor y requiere 6 para regresar a su cargo.
Además, el ibarrismo se ve confundido con esa amabilidad presidencial, porque no tiene como intermediario a
Para más, nadie entiende cómo en la misma Casa de Gobierno, Ibarra se ha cruzado con su hermana, la senadora
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