Las hilachas del Frepaso tuvieron ayer oportunidad de acercarse, obligadas por la concertación inaugurada por Eduardo Duhalde. Todo comenzó cuando arribó un trío porteño, en nombre del Gobierno de la Ciudad, encabezado por Aníbal Ibarra. Lo que menos esperaba el jefe porteño era que el representante del gobierno nacional que lo atendiera en esa mesa fuera Juan Pablo Cafiero.
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Inesperadamente durante la ronda, Ibarra se reencontró con el vicejefe de Gabinete, a quien había recomendado no integrarse a la gestión de Eduardo Duhalde: Cafiero aceptó de todos modos el reto y acudió a asumir su puesto, amparado por Darío Alessandro. Desde entonces no se veían.
Así están las cosas en el diseminado Frepaso, cuya delegación al llamado a la sede de Cáritas consistió en un collage de la dispersión.
Junto a Ibarra, que concurrió como titular partidario, llegaron su hermana Vilma, senadora nacional, y Fernando Melillo, diputado nacional.
Con Vilma, Ibarra hermano estaba disgustado porque no la pudo convencer de votar la Ley de Emergencia Pública positivamente como lo hizo la porción del bloque de diputados que quedó a cargo de Alessandro y comulgando aún con la UCR. Melillo, en cambio, pertenece al otro grupo, al de los chachistas nostálgicos que comanda el tucumano José Vitar, que negaron el voto a la norma en cuestión y rechazan compartir bloque con radicales.
Al parecer Ibarra Aníbal, que viene dando su apoyo verbal al gobierno duhaldista, ahora se habría reconciliado con todas las almas. Al menos así quiso demostrarlo frente a monseñor Juan Carlos Maccarone, que los recibió y los representantes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
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