15 de octubre 2001 - 00:00

Indignación por un ataque fallido

Washington - Las fuerzas armadas estadounidenses perdieron hace ocho días la primera oportunidad para matar al líder talibán, el mullah Mohammed Omar, por un exceso de burocracia en la cadena de mandos. Según allegados, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, se puso furioso y pateaba las paredes por semejante desprolijidad.

El avión no tripulado Predator que localizó al grupo en que se desplazaba el líder espiritual talibán estaba armado con dos misiles anti-tanques Hellfire. La operación estaba bajo el control de la CIA, pero por un acuerdo previo ésta no tenía la autoridad para «apretar el botón». Así, cuando se emitió la orden de lanzar la primera oleada de ataques Omar ya había dejado el lugar.

• Obstáculo legal

La CIA y el Pentágono rehusaron comentar la información dada por la revista «The New Yorker», pero hay pocas dudas de que la denuncia causará consternación entre altos funcionarios. Después de Osama bin Laden, el misterioso mullah Omar es, de hecho, el hombre más buscado por los Estados Unidos.

El informe indica que Omar, líder espiritual y militar de los talibanes, fue visto dejando su base en la ciudad de Kandahar. El Predator cuenta con cámaras infrarrojas capaces de brindar datos subterráneos.

La información obtenida por el Predator llegó hasta el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) en la base aérea MacDill de Tampa, Florida. Alertados por el vuelo lento del Predator, Omar y su comitida se habrían refugiado en un edificio.

A pesar de que se contaba con la información precisa, el general
Tommy Franks, comandante del Centcom, consideró que aparentemente había un obstáculo legal para disparar contra un líder de otro país. «Mi consejero jurídico no lo aprueba por lo que no vamos a disparar», habría indicado Franks según el informe de la revista.

En cambio, una orden alternativa fue dada por el Predator para lanzar un misil a los vehículos estacionados frente al edificio y luego filmar «quién salía». «The New Yorker» indica que enseguida el lugar fue bombardeado por los aviones F-18, pero luego Omar desapareció.

Al día siguiente los talibanes indicaron que el mullah y Bin Laden estaban a salvo. Una fuente indicó a la revista que cuando Rumsfeld fue informado, «rompió un montón de vasos y pateó las paredes».

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