En los últimos días, el movimiento piquetero, cobijado por el gobierno --política-mente y en planes sociales, que distribuye a discreción-, dio muestras de una peligrosa inclinación a la violencia y uno de sus principales líderes, Luis D'Elía, curiosamente considerado por algunos un «piquetero bueno», llegó incluso a amenazar veladamente con una guerra civil.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En una entrevista publicada ayer por el diario «La Nación», D'Elía dijo que «el Presidente tiene muchas convicciones. Y, como se dice aguas adentro del Palacio -lo que parece conocer bien-, no lo van a doblegar; en todo caso lo sacarán con las patas para adelante...Yo por éste meto la vida. Lo digo con convicción. La direccionalidad política de este proyecto cambió 180 grados a la Argentina y vamos a una situación similar a la de Venezuela». Acaso sea por eso que grupos piqueteros oficiaron recientemente de guardia pretoriana durante la molesta visita de Hugo Chávez al país. «La oligarquía no ahorra sangre de gauchos, como dijo Sarmiento. Ahora también empieza a aparecer un pueblo que tiene cada vez más firmeza. Y creo que va a haber disputa fuerte... La mayoría (de los piqueteros) vamos a estar del lado del Presidente... estaremos en la calle si es necesario y a los tiros... La Constitución nos habilita a resistir contra aquellos que quieran gol-pear la democracia. Y no aclara qué tipo de resistencia. Después veremos si se da de manera no violenta o se da de otra forma», añadió D'Elía en su declaración más inquietante.
D'Elía añadió que «no hago culto a la personalidad de nadie, pero Kirchner significa un cambio de página sustantivo y es necesario construir una nueva coalición que exprese estos intere ses», dijo. D'Elía, de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), grupo piquetero adscripto a la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) de Víctor De Gennaro, tomó también partido por el Presidente en su disputa con Daniel Scioli, a quien descalificó como «la cabecera de playa de la expresión de otros intereses dentro del gobierno, que tienen que ver con los Estados Unidos, con el Fondo Monetario y, sobre todo, con las empresas privatizadas», agregó D'Elía.
Lo relevante de sus declaraciones radica en su carácter de hombre que mantiene ahora con Kirchner una relación constante, como antes con Eduardo Duhalde y antes aun con el padre Farinello. Es un audaz de la política y de discurso hiriente. Tomó el municipio porteño y la Casa de Gobierno para hacer proselitismo. Inclusive desde la Rosada atacó a Carlos Reutemann en el duhaldismo. Enfrenta a todos, inclusive a Felipe Solá, porque aspira a ser gobernador. Una bravuconada, porque no inspira más adhesión que la de unos pocos miles de piqueteros que lo siguen por la gestión de subsidios en planes Jefas y Jefes de Hogar. Es diputado, disimulado en una lista sábana a la Legislatura bonaerense del duhaldismo.
Una visión superficial podría indicar que sus loas a Kirchner y sus desbordes dialécticos buscan arrimar a su candidatura algún puñado de votos y a su FTV algunos planes sociales más -ya maneja 76.000 y admite que Kirchner le entregó 270.000 pesos para el programa Manos a la Obra. Sin embargo -como se verá más adelante-, el tono que utilizó alarma, tanto como inexplicable es la pereza oficial para despegarse de semejante desafío. ¿Se debe seguir entregando planes sociales y dinero a un movimiento piquetero, que es atacar la cultura del trabajo a cambio de subsidio? Si son necesarios -en realidad lo son-, ¿por qué no cederlos a través de entidades no políticas como Cáritas o el propio gobierno, sin alentar liderazgos mesiánicos?
• Contradicciones
D'Elía señaló -¿expresando a alguna corriente dentro del gobierno?- que el duhaldismo -«pata necesaria del menemismo»- no es parte del proceso político que encarna el Presidente y que «las contradicciones van a agudizarse con el transcurrir del tiempo». Luego avanzó contra Roberto Lavagna, que «expresa la visión de Duhalde. No me olvido que firmó la compensación a los bancos».
Pero no se trata sólo de palabras; los piqueteros pasan ya a la acción. La Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad hizo el balance de lo que quedó tras el campamento que un grupo piquetero hizo el martes de la semana pasada en Plaza de Mayo: robo de un andamio para la reparación de la iglesia San Ignacio de Loyola; 150 arbustos afectados; 500 plantas florales destruidas; sustracción de una placa de bronce; destrucción de 250 metros cuadrados de césped, 25 metros cuadrados de baldosas, de un contenedor de residuos y de dos bancos de cemento; quema de tres bancos de madera y de 12 cestos plásticos. Además, destrucción de alambrados y cadenas de las vallas de contención.
• Insulto
«Cura de mierda, callate, que vamos a volver a la madrugada», dijeron los jóvenes que robaron los primeros tablones del andamio al párroco Francisco Delamer. Y volvieron, llevándose otros 50 tablones y bulones de la estructura.
¿Se va a seguir tolerando el accionar de estas modernas creaciones de fuerza que se mueven a sus anchas por la Ciudad provocando destrozos e intimidando? ¿Hasta cuándo se los va a seguir utilizando como clientela política, sin advertir que algunos -hasta los supuestamente «moderados»- aspiran a convertirse en una fuerza de choque y andar «a los tiros»?
Dejá tu comentario