Insólito casamiento "Lilita"-Seineldín
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• Fuente de inspiración
Lo sorprendente de su discurso fue, ante todo -como lo consignó Ambito Financiero el pasado lunes-, su fuente de inspiración. Larouche es un oscuro dirigente de la extrema derecha norteamericana, marginalizado de la vida política de su país por su prédica racista, afín a la de los grupos neonazis, y su estilo estrafalario.
Preso durante varios años por fraude y evasión impositiva, Larouche presentó a fines de los ochenta un caso ante la Justicia norteamericana y los medios de comunicación, en el que acusaba a Wall Street, la «banca judía», los «políticos de Washington» y el comunismo internacional de conspirar en su contra y boicotear su carrera hacia la presidencia de los Estados Unidos. Desde hace décadas, viene presentando su candidatura presidencial en cuanta elección hubo, como precandidato del Partido Demócrata en los estados del sur o como independiente.
Sus escritos se articulan alrededor de una supuesta conspiración originada en Babilonia, con el natural objeto de dominar el mundo, que llevan adelante logias «judeomasónicas». Los principales agentes de este plan milenario serían la corona británica (el principal blanco de las denuncias de Larouche), Wall Street y la burocracia de Washington. Sus constantes denuncias ante medios amarillistas, sobre las conspiraciones más insólitas, le han valido en los Estados Unidos una cierta notoriedad delirante. Entre otras, ha denunciado que el atentado de Oklahoma fue organizado por la reina de Inglaterra y que el Ku Klux Klan es en realidad el brazo armado de la B'nai B'rith...
Larouche se considera amigo de políticos controvertidos y marginales de todo el mundo. Según dice en su página de Internet www.larouchepub.com, en la Argentina su principal contacto es Mohamed Alí Seineldín y sus seguidores; uno de los partidos políticos que orienta el ex coronel, el Movimiento por la Identidad Nacional y la Integración Iberoamericana, tiene correlatos «larouchistas» en Brasil, México y Centroamérica (el Movimiento por la Solidaridad Iberoamericana -MSIA-). Ambas organizaciones han realizado encuentros y seminarios en Brasil y en la Argentina. Larouche, por su parte, ha realizado reiterados pedidos por la libertad de Seineldín, y afirma que es la única persona en condiciones de enfrentarse al FMI y «renegociar la deuda argentina».
Seineldín, al igual que Carrió, sigue de cerca las ideas económicas de Larouche, y desde la prisión de Campo de Mayo ha emitido documentos apoyando sus propuestas de crear un «nuevo sistema monetario internacional» que prescindiría del endeudamiento externo, eliminaría al FMI y abandonaría proyectos como el ALCA. Estas influencias comunes podrían contribuir a explicar la coincidencia en el discurso de ambos últimamente, en particular en el análisis que los dos realizan -casi con los mismos términos-sobre lo sucedido recientemente en la Argentina: el menemismo ha establecido una asociación ilícita con Wall Street durante los '90, en connivencia con el Consenso de Washington, que habría dado su aval a este supuesto pacto a cambio del apoyo a su proyecto de crear un ALCA dolarizado y subordinado a los intereses norteamericanos.
Respecto del mencionado discurso de la líder del ARI, en el que cita y basa sus argumentos en los escritos de Larouche, merece algunas reflexiones. Es probable que Elisa Carrió, quien a lo largo de su carrera parlamentaria se ha destacado por la defensa de los valores democráticos y las instituciones republicanas, no haya estado bien informada sobre la figura de Lyndon Larouche o sobre la naturaleza de sus ideas. Pero una dirigente de su envergadura, que ha conducido investigaciones del Congreso, no debería fijar su posición en serias cuestiones, como la Ley de Emergencia Pública o el debate de la orientación económica, sin haber revisado sus fuentes de información y de fundamentación.
No menos preocupante, sin embargo, es su insólita coincidencia con el «pensamiento económico» de Larouche. La Argentina se encuentra inmersa en una crisis política y social muy grave, y sus consecuencias son impredecibles, siendo así que está planteada la hipótesis de la radicalización política, del resurgimiento del discurso populista y del fortalecimiento en la opinión pública de sentimientos nacionalistas y antinorteamericanos, como sucediera en la Venezuela de Hugo Chávez.




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