25 de mayo 2004 - 00:00

Insólito: el Presidente también controlará reuniones sociales

Néstor Kirchner creyó descubrir un golpe de Estado donde había hasta funcionarios suyos como Eduardo Di Cola. También Horacio Jaunarena y Enrique Nosiglia.
Néstor Kirchner creyó descubrir un golpe de Estado donde había hasta funcionarios suyos como Eduardo Di Cola. También Horacio Jaunarena y Enrique Nosiglia.
Tal vez la única intención de Néstor Kirchner al ordenar la irrupción de José Pampuro en una especie de fiesta de cumpleaños a la que no había sido invitado haya sido desalentar ese tipo de reuniones, en las que en general se habla mal de él. De paso, nunca está de más producir la humillación de sus ministros. El vocero del Presidente, Miguel Núñez, parecía confirmar lo primero anoche: contó que Kirchner le comunicó al jefe del Ejército, Roberto Bendini, que en adelante será él mismo, en persona, quien controlará las fiestas que se hacen en unidades militares. Como se sabe, muchos regimientos alquilan sus salones para hacerse de recursos, con lo cual el Presidente puede quedar abocado a revisar listas de invitados a bodas o aniversarios de egresados. El propio Patricios está en buena parte alquilado a un supermercado.

Lo de la humillación de los ministros ya se consiguió: tanto el de Defensa, que fue a intervenir una reunión cuya inocencia conocía de sobra, como Aníbal Fernández, quien ayer anticipaba que el gobierno iba a actuar para impedir los golpes de Estado, quedaron en ridículo al confundir una conspiración con una celebración rutinaria y pública.

• Incomodidad

La comedia de enredos tiene que ver con la orden que Kirchner le dio a Pampuro para que aparezca en una celebración que se realizaba en el regimiento de Palermo el jueves pasado y que él confundió con una conspiración. El ministro de Defensa llegó al lugar, fue recibido por el jefe del regimiento y manifestó su incomodidad por tener que cumplir la orden de su jefe: «La verdad, yo no fui invitado. ¿Tendré que entrar? ¿A quién saludo?». Finalmente, ingresó en el salón, donde comían empanadas y locro unas 90 personas, entre las cuales estaban ex ministros como Horacio Jaunarena y Enrique Nosiglia, el interventor del Correo, el ultrakirchnerista Héctor Di Cola, militares retirados como Ernesto Bossi o Juan Carlos Mugnolo, el director del diario «La Nueva Provincia», Vicente Massot, periodistas como Raúl García, financistas como Aldo Ducler, entre muchos otros.

La actitud de Pampuro fue curiosa, tratándose de alguien que había descubierto un complot en contra de su gobierno: se abrazó con varios de los golpistas y terminó comiendo locro con ellos, sentado en una de las mesas donde había lugares libres. «Había tantos amigos...», explicó ayer, hablando por radio. Con él estaba el general Mario Chretién, subjefe del Ejército, que había abandonado otra comida para asistir al ministro en sus investigaciones. Por no poner en evidencia el patetismo de la diligencia que estaban realizando, Chretién le ocultó a Pampuro que la lista de los invitados a esa reunión les había sido entregada a las autoridades del Ejército 10 días antes de su realización. Y que tanto el jefe de la fuerza, Roberto Bendini, como él mismo, en calidad de subjefe, habían sido convidados.

Es posible que también el ministro supiera algunas obviedades y no se atreviera a contárselas a Kirchner, para no irritarlo con contradicciones, dejándolo en una pose incómoda. Por ejemplo, que esas reuniones se vienen realizando desde hace por lo menos 8 años, a instancias de los integrantes de la promoción de colegio a la que pertenece el general Bossi. La modalidad de los encuentros fue siempre la misma: participa un elenco estable, el de los compañeros de formación, y cada uno puede invitar a un par de amigos. Esto explica por qué entre los participantes de la comida había muchos que no se conocían entre sí. En algunas ocasiones, como ésta del jueves pasado, la celebración se realiza en las instalaciones de Patricios. Como otras dependencias militares, este regimiento alquila sus salones para fiestas. Casi patético.

Sobre la comedia de los hechos se montó la comedia del relato, con la cobertura que le dio el diario «Página/12» al episodio. El periodista, directivo de una ONG dedicada a los derechos humanos y asesor presidencial Horacio Verbitsky, podría haber ayudado a Kirchner disimulando un hecho que no habla bien de su inteligencia (entendida ésta como facultad personal y como actividad del Estado, al mismo tiempo). Pero Verbitsky decidió asociarse al desatino de sus amigos: publicó una larga nota en la que adhirió a la teoría de la conspiración y mencionó a personas que no asistieron a la comida. El general Francisco Goris, por ejemplo, o el coronel Gustavo Gorriz o el ex banquero Emilio Cárdenas, quien estaba en Michigan mientras él lo imaginaba comiendo locro en Palermo. El cronista, lleno de candor, fue llevado seguramente a la confusión por los listados que estaban en poder del gobierno ( recuérdese que la nómina estaba en poder del Ejército desde hacía 10 días). No es la primera vez que Verbitsky se arrebata creyendo haber dado con lo que hace años viene buscando. Ya le ocurrió cuando quiso que los fondos que se habrían repartido en el Senado para solventar la reforma laboral de 2000 habían pasado por una imaginaria cuenta neoyorquina de una funcionaria radical. También creyó ver fotos de un campo de concentración de la dictadura en las que registraban un entrenamientomilitar posterior a 1983. Este fin de semana le volvió a ocurrir: vio -como Kirchner-un intento de golpe de Estado en una comida más inofensiva que un casamiento. «Noche de perros», la llamó e hizo bien, por esto de las alucinaciones en las que ingresa de tanto en tanto. Con este tipo de manejo de la información, queda claro por qué a los montoneros les fue como les fue en la década del '70, cuando lo tenían a Verbitsky como personal de inteligencia.

• Justificación

Ayer «Página/12» dio un paso más en el intento de justificar la existencia de un complot. Indicó que el general Daniel Reimundes había sido el organizador de la comida, en la que no había participado (aquí Verbitsky fue más riguroso que su émulo, Martín Granovsky, el autor de la nota de ayer). Y recordó que Aldo Ducler había sido investigado por sus presuntas vinculaciones con el cartel de Juárez. Un paso más y llega a Kirchner: ¿o no trabajaba con Ducler el único director del Banco Central designado a instancias del Presidente, Eduardo Cafaro? Igual que el diario oficialista, Elisa Carrió viene haciendo rango en el mismo financista invitado a la comida de Patricios para contaminar a Kirchner y su gobierno con esa organización de narcotraficantes mexicanos.

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