26 de diciembre 2002 - 00:00

Introdujeron las modificaciones revisando videos

La Cámara de Diputados tuvo que apelar a todos los elementos posibles, incluso, revisar los videos de 17 horas de la sesión donde se aprobó el presupuesto nacional 2003, para poder llegar a tiempo a enviar el proyecto al Senado esta semana.

Hasta no hace mucho, la única variante sobre el tema que se conocía en el Congreso era el famoso «video pliego»: una cinta enviada al Senado desde Catamarca donde se grabó la sesión de la Legislatura local que eligió a Ramón Saadi como senador, en medio del escándalo y de las denuncias de radicales por irregularidades en esa votación.

Pero nunca se había conocido la existencia de un presupuesto votado en Diputados con modificaciones introducidas en la versión definitiva a través de la desgravación del video de la sesión. Normalmente, esa tarea está a cargo del presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda que, como miembro informante en el recinto, va tomando nota y aprobando o rechazando los cambios que se aceptan en el debate en particular, es decir, artículo por artículo.

Lo cierto es que esta semana la Secretaría Parlamentaria de Diputados trabajó a marcha forzada para terminar de componer el proyecto de presupuesto con las múltiples modificaciones que se introdujeron en el recinto y poder enviarlo a tiempo al Senado. Hasta el lunes a las 19 -el martes hubo asueto en el Congreso- la sanción de Diputados no había ingresado al Senado.

Demora

Normalmente, ese procedimiento, que se aplica a todas las leyes y proyectos que fueron modificados en el recinto de sesiones, se realiza sobre la base de las notas y borradores que maneja el miembro informante, la versión taquigráfica -máxima prueba de lo debatido en las sesiones-, las notas del secretario parlamentario y el proyecto original.

En esta ocasión, algunos inconvenientes demoraron el trámite. Por lo pronto, Carlos Snopek, presidente de Presupuesto y Hacienda, aceptó una larga lista de cambios al dictamen de presupuesto y la redacción definitiva del proyecto se complicó.

Para colmo, en medio del procedimiento, los taquígrafos no estuvieron presentes para ayudar por el asueto decretado por las fiestas. De hecho, la versión taquigráfica existe -es uno de los sectores del Congreso que mejor trabaja-, pero la sesión del presupuesto en Diputados fue tan complicada y confusa que exigía ayuda extra.

Fue entonces cuando en un rapto de desesperación se recurrió a los videos de seguridad que la presidencia de la Cámara toma de todas las sesiones. Así, en medio del pan dulce y los festejos, los empleados de la Secretaría Parlamentaria tuvieron que revisar 17 horas de grabación para detectar los artículos eliminados, los modificados y los agregados a último momento.

Buena parte de lo sucedido tiene su origen también en un cambio de tendencia que se vivió en la Comisión de Presupuesto y Hacienda. Desde la restauración de la democracia, esa comisión se mantuvo comandada por un selecto grupo de diputados. Después de la muerte del radical Rubén Francisco Rabanal, primer jefe de ese cuerpo, sólo cuatro nombres se alternaron en la presidencia del cuerpo más estratégico del Congreso: el radical Jesús Rodríguez, los peronistas Jorge Matzkin -en dos oportunidades- y Oscar Lamberto, y el radical Raúl Baglini, cada uno según el turno del partido en el gobierno. Cuando uno ocupaba el control de Presupuesto y Hacienda, el otro lo hacía en la Comisión de Finanzas. Se constituyó así lo que en el Congreso se conoce como «el club», un grupo integrado por los cuatro legisladores que manejaron con mano de hierro el debate presupuestario y los cambios en impuestos, muchas veces, incluso, bajo protesta de los miembros de su propio bloque, y todo esto sin importar que fueran de bancadas diferentes. Fueron, además, quienes posibilitaron la sanción de los proyectos más complicados de los últimos 19 años y quienes actuaron en directa sintonía con el ministro de Economía de turno.

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