El diario «The Washington Post» dedicó ayer una nota de opinión a desarrollar un ángulo que ya se adelantó en estas páginas: la emergencia de caudillos populistas latinoamericanos con poco carisma, pero con mucha plata, algo que los exime del compromiso de los líderes clásicos del siglo pasado de convocar a grandes plazas para escuchar discursos airados en tono mussoliniano. El articulista del diario estadounidense dice que el populismo de un Hugo Chávez duraría hasta que incumpliese lo que promete, pero su futuro está «acolchonado» por el alto precio del dólar. Según la nota, la Cumbre de Mar del Plata sirvió para algo: para que George W. Bush tomase conocimiento directo de la situación del continente y su viraje hacia la izquierda, una ola que compromete incluso al antes moderado, pero ahora más pro chavista Néstor Kirchner.
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Fue secundado por Néstor Kirchner de la Argentina, quien en las semanas recientes se ha movido desde el campo de los izquierdistas democráticos moderados hacia el tipo «revolucionario» que abraza Chávez.
Luego vino la victoria de Evo Morales en Bolivia respaldada por Chávez, un ex pastor de llamas y cocalero que se describe como pesadilla de Washington. Sin una estructura coherente, Morales probablemente tomará instrucciones de Chávez, Kirchner y Fidel Castro -quien, a los 79 años, debe creer que finalmente está viendo la emergencia de un bloque totalitario que él y el Che Guevara trataron de crear infructuosamente en los '60-.
Antes de fin de 2006 un imitador de Morales podría ser presidente de Perú;
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