Se entusiasmó exageradamente ayer el diario «La Nación» al mencionar en tapa que los institutos de formación militar podrían quedar en manos de civiles. Esa idea surge de las conclusiones de una de las comisiones del comité académico encargado de analizar la Agenda de la Defensa en Tiempos Democráticos, que se ha fijado como misión aconsejar al gobierno para la determinación de políticas permanentes. La sola mención de un civil al frente de un instituto militar debe haber agradado al sector de izquierda que aplaude al Presidente. Así como los médicos forman médicos o los ingenieros, ingenieros -y así sucesivamente en todas las casas de altos estudios-, no parece recomendable que un civil tenga a su cargo la formación de un aviador militar, un marino o un infante de marina, un infante, un hombre de la caballería o un artillero, por citar las armas primarias más conocidas.
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Esa idea es difícil que progrese porque ha sido desaconsejada por todos los especialistas en el tema, quienes señalan que el carácter profesional que tienen estos institutos de formación castrense admitirían un civil a cargo de la regencia de Estudios, pero no más allá. EE.UU., Francia, España, Gran Bretaña y Brasil -países en los que sus institutos de formación militar gozan de merecido prestigio-, tienen al frente de sus escuelas militares a oficiales superiores en actividad.
Por otro lado, y como parte de las conclusiones, para ingresar a las escuelas de formación de oficiales de las Fuerzas Armadas habrá que haber cursado dos años de estudios universitarios.
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