Néstor Kirchner llegará hoy a tierra de infieles. Estará en Catamarca, el territorio de su cuñado Armando «Bombón» Mercado. Aunque no es por él lo de «infieles», claro. El adjetivo se lo ganan antes Luis Barrionuevo y Ramón Saadi.
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El sindicalista es, acaso, el dirigente del PJ más enemistado con el Presidente, por razones múltiples. Aunque una se destaca: Cristina Fernández cree que fue él quien le mandó a tirar huevos podridos durante una de sus incursiones proselitistas en Catamarca. ¿Kirchner vuelve a vengarla?
Por lo pronto, el Presidente deberá resolver cuál será su estrategia en esa provincia, en la que el PJ se puso ayer bajo las órdenes de ultratumba de Vicente Leonides Saadi, a quien fueron a homenajear su hijo Ramón y el gastronómico Barrionuevo. Respecto del viejo caudillo, induce a algunas ambigüedades. Fue una figura principal del peronismo ortodoxo, pero también un protector de los ex Montoneros en los '80, cuando los refugiaba en el diario «La Voz». Dilema para Kirchner.
Tal vez el santacruceño no mire tanto al pasado, obedeciendo a Chiche Duhalde, para concentrarse en el futuro inmediato de la elección. Es posible que, si mantiene su Frente para la Victoria en carrera, la división de votos no peronistas con el Frente Cívico de los radicales facilite el camino a Barrionuevo y Saadi, quienes podrían imponerse por la fragmentación de sus adversarios.
Sería una frustración para Mercado, el ex marido de Alicia Kirchner, la ministra de Acción Social, quien promovió a Eduardo Pastoriza como primer candidato a diputado de la fuerza K. ¿Habrá una alianza con los radicales de Brizuela del Moral, que llevan a Genaro Collantes como primer postulante? ¿Quién deberá ceder el lugar a quién en tal caso? Importa la operación por varios motivos. No sólo Kirchner está enfrentado allí al PJ intentando que no se produzca una victoria de simbolismo pésimo para él, como la de Barrionuevo y Saadi. También tomará los tubos de ensayo una vez más para un experimento que se ha mostrado esquivo en varios distritos, como fue el caso de Santiago del Estero o de Mendoza: el de enmascarar la debilidad de sus huestes detrás del radicalismo gobernante.
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