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Aníbal Fernández, Cristina Kirchner, Chiche Duhalde y Jorge Sarghini
Un ayudamemoria para recordar lo difícil de olvidar: Cristina vinculó al ex presidente con el crimen de los piqueteros en Avelleneda, lo acusó de mentir cuando dijo que dejaba la política y no lo hizo y, para coronar la parrafada, lo comparó con un capo mafia.
Así y todo, los voceros del duhaldismo, ayer hicieron malabares para no apartarse de su estrategia. El más cauto fue Jorge Sarghini, ex presidente del Banco Provincia. «No vamos a responder los agravios», aseguró Sarghini cuandolo consultaron por radio. A ese colectivo se subió también Jorge Villaverde -número uno de la lista de diputados nacionales- al asegurar que el duhaldismo seguirá acompañando las iniciativas del gobierno. «El presidente Kirchner no tendrá inconvenientes con el peronismo de Buenos Aires», dijo.
• Elogio
La referencia más espinosa de Chiche fue la defensa, demasiado sui géneris, del ex presidente. «Si se preocupan (al criticarlo) por él es porque todavía es muy importante para el país», dijo la bonaerense para elogiar a su castigado esposo.
Al margen, deslizó un planteo más amplio, sin apuntar directamente a los movimientos de la Casa Rosada pero que, algunos, leyeron como una advertencia. «Si los partidos -dijo- se atomizan y se convierten en pequeñas expresiones, la democracia misma corre peligro».
Ni Mabel Müller, que acostumbra largar sus comentarios sin filtrarlo por el antivirus, se extralimitó. La senadora, que ahora busca una banca en Diputados, enfocó su crítica a que el kirchnerismo, con su Frente para la Victoria, es «otro partido. El peronismo somos nosotros».
La decisión de no responder los cuestionamientos es, como relató ayer este diario, la táctica que fijó Duhalde luego de testear que la interna peronista, con sus idas y vueltas, genera saturación en la calle e impactó, negativamente, en el nivel de adhesión de duhaldistas y kirchneristas.
De esa merma en la imagen pública no está exento, según los números que manejan en el búnker de Duhalde, Néstor Kirchner. Además, con distinto grado, afecta a Duhalde, Chiche y a la primera dama Cristina Fernández.
Sin embargo, en la Casa Rosada hacen otra lectura y, desde ahí, reforzaron los cuestionamientos de alto impacto contra los candidatos de Duhalde. El blanco móvil fue Chiche: Aníbal Fernández la trató de «caprichosa» mientras Carlos Kunkel la acusó de «absurda».
«El capricho de la señora de Duhalde de ser candidata nos llevó a esto.Yo hablo con compañeros de las otras listas y sé lo que piensan. Ninguno está desesperado por la candidatura de Chiche. Pero hay lealtades a Duhalde y eso hace que se lo siga respetando a él», dijo Fernández, ex leal a Duhalde.
«El peronismo no es Chiche, ni Duhalde; el peronismo es de los peronistas», recitó.
Además, quizá tocado por su pertenencia pasada, el ministro aseguró no sentirse «mafioso» en respuesta a su coterráneo Eduardo Camaño que pidió la renuncia de los funcionarios que llegaron de la mano de Duhalde a quienes, retomando el libreto cristinista, consideró «socios» de la mafia.
A su turno, Kunkel consideró que la decisión de Duhalde de presentar boletas propias del PJ puede «afectar la gobernabilidad» y tildó de «absurda» la imputación de Chiche diciendo que el Presidente le quiso prohibir que compita por la banca de senador.




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