Kirchner a Cuba
Néstor Kirchner viajará a Cuba en la primera semana de mayo. Lo hará pocos días después de que se vote en Ginebra una moción de censura a la violación de los derechos humanos en ese país, en la cual la Argentina se abstendrá. El Presidente postergó el viaje para no aparecer votando por indicación de Fidel Castro, cuyos gestos de dictador el gobierno consiente como si fuera una fatalidad imposible de resistir. Igual, se cuidará Kirchner de no irritar a Washington y espera reunirse con dirigentes de la disidencia en la isla, aunque no se prevén cambios en la situación de la médica Hilda Molina, a quien Castro le impide salir de la isla. Se justificará el viaje de este presidente, que dice que le disgusta volar, en el fomento de las relaciones comerciales, pero la Argentina sigue sin cobrar una deuda cuyo capital alcanza hoy los u$s 1.500 millones, que se remonta a 1974, y se consuela con los u$s 270 millones que se comercian a través de uno de los famosos fideicomisos creados por el Estado para hacer negocios.
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Presidentes Hugo Chávez y Néstor Kirchner.
El viaje lo resuelve Kirchner además después de recibir informes decisivos sobre cómo ve Estados Unidos a su administración que le acercaron Rafael Bielsa (un mes en Nueva York presidiendo el Consejo de Seguridad de la ONU, ahora ya lo reemplazó el representante de la república de Bali) y Daniel Scioli ( entrevista con el vicepresidente Dick Cheney).
En ninguno de ellos figura ninguna demanda de Washington en torno a Cuba, salvo que reciba a los disidentes. En esos informes figuran los plácemes de la administración Bush sobre los gestos amistosos de Buenos Aires hacia el gobierno de Estados Unidos más que contradictorios con el discurso hostil de algunos funcionarios. Washington ha anotado con celo el apoyo de Buenos Aires a la política de EE.UU. en Haití -envío de tropas- y a la principal iniciativa internacional de ese país, la guerra contra el terrorismo.
La administración Kirchner no es creativa en el tema Cuba; admite, como algunos dirigentes criollos, que la violación de los derechos humanos en la isla es una suerte de calamidad atmosférica inevitable a la que mejor conviene adaptarse y que es imposible combatir.
Un ejemplo lo da la forma de no negociar nunca la deuda que mantiene Cuba con la Argentina desde 1974 y que aumentó Raúl Alfonsín, que hoy está calculada en casi u$s 1.500 millones (el capital sin cálculo de intereses). No lo hicieron anteriores gobiernos pero algo podría lograr éste que se muestra tan tolerante hacia La Habana. Para poder venderle a Cuba -que figuraen la lista de los países en default, un estatus que la Argentina tiene con el resto de sus acreedores- se creó un fideicomiso entre el BICE y el Banco Nación al que el gobierno de Castro le paga las exportaciones argentinas, que este año llegan a los u$s 270 millones.
Kirchner defenderá este viaje en que abre mercados para la Argentina en un momento en que el país tiene muchas puertas cerradas. Intentó usar el tema de la deuda para responder al desaire castrista de prometer la salida de Hilda Molina sin cumplir nunca. Pero Roberto Lavagna le dijo que no toque ese asunto hasta que no termine el canje de la deuda porque debilitaría la posición argentina en los debates al aparecer reclamándole a Cuba algo que les niega a sus acreedores.
La fecha precisa del viaje se la comunicará Kirchner a Castro si éste viaja a Montevideo el 1 de marzo próximo a la asunción de Tabaré Vázquez, algo que no está confirmado como ocurre con todos los viajes internacionales del dictador.
Tampoco figuró el viaje en las conversaciones secretas que mantuvo Pérez Roque hace quince días con Kirchner en una visita subrepticia que hizo a Buenos Aires para verse también con Hugo Chávez y que tuvo como propósito salvar la posición de Castro en el encuentro entre el presidente venezolano y el colombiano Alvaro Uribe, en cuanto a que el cubano no apoya la guerrilla colombiana de las FARC. Chávez y Uribe estaban separados por las secuelas del secuestro en Caracas de un dirigente guerrillero colombiano.
Hoy ya se sabe que Chávez ha buscado cerrar esa querella aunque hasta ahora el encuentro con Uribe no se haya realizado. (Uribe padece de la misma dolencia del oído que Eduardo Duhalde, que le produce mareos y pérdida del equilibrio.)
¿Por qué aparece Chávez en esta historia? Porque entre los desvelos de Kirchner para mantener buenas relaciones con Washington figura « contener» los excesos del extravagante presidente venezolano. El gobierno argentino está convencido de que las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela van a empeorar en el futuro, pese a los lazos comerciales que los unen. Las dificultades, dice esa hipótesis que se sostiene en la Casa de Gobierno, surgen en lo político por el estilo con que Chávez se pasea por el continente haciendo campañas antiestadounidenses. Colin Powell suele quejarse de que cada vez que se refiere a su presidente, Chávez habla del «chico Bush». En foros internacionales, las extravagancias venezolanas llegan a extremos infantiles como negarse a firmar un documento en la OEA porque hablaba del «imperio de la ley» y eso violaba el republicanismo bolivariano.
Para el momento cuando esas relaciones se deterioren sin remedio Kirchner querría quedar del lado de los buenos.




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