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24 de diciembre 2004 - 00:00

Kirchner a gremios: "CTA es amiga pero no tendrá 'chapa'"

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José Luis Lingieri

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«El que avisa no traiciona», le dijo José Luis Lingieri a Néstor Kirchner en la reunión que el Presidente mantuvo con el triunvirato de la CGT al mediodía de anteayer. «Queremos decirte que si firmás esta resolución te vas a poner en contra a toda la CGT; por eso no vinieron hoy los demás muchachos del secretariado.»

Kirchner se indignó: «¿Qué me querés decir? ¿Que soy un traidor? Te aviso que esta reunión no la convoqué yo, la pidió Moyano».



En este punto de la conversación intervino Susana Rueda, hoy la dirigente sindical más amiga del gobierno, quien le reprochó a Lingieri: «¿No te dije José Luis? No tenés que dejarte llevar por los diarios». El dirigente de Obras Sanitarias insistió: «Yo no me dejo llevar por los diarios. En el Ministerio de Trabajo se discutió ayer mismo darle la personería a la CTA». Lingieri tenía información muy precisa de ese trámite como los demás dirigentes de la calle Azopardo, informados puntualmente por Armando Cavalieri, el primero en conseguir el dato sobre lo que se planeaba en Trabajo.

Hugo Moyano, también presente en la reunión (igual que Alberto Fernández y Carlos Tomada), se mantuvo silencioso durante todo el encuentro. Venía de una entrevista a solas con Kirchner en la que el Presidente le había aplicado una filípica feroz. No era para menos: el hijo de Moyano, Pablo, que coadministra con él el sindicato de camioneros, había ordenado vaciar los camiones de basura en la Avenida de Mayo y convertir esta arteria en un chiquero para las fiestas. ¿De qué lo acusaron a Moyano en el despacho presidencial? ¿Qué argumentos se utilizaron para dejarlo en estado depresivo, como estuvo durante casi todo el miércoles?

Habría que repasar los recursos que se derivan al gremio de camioneros y a toda la industria del transporte de cargas desde la Secretaría de Transportes. Ayer el sindicalista siguió ajustando su trato con el Presidente durante una nueva reunión a solas.

Después de que Lingieri despejara la posibilidad de un fin de año agrio para las relaciones entre la Casa Rosada y la CGT, los capitostes de la central comieron un asado para inaugurar su nuevo quincho. Durante ese almuerzo se analizaron varias iniciativas para reanimar la relación con el gobierno. La mayoría eran solicitudes de recursos. Entre todas hubo una a la que la cúpula de la central obrera apunta ahora especialmente: la creación de un seguro de desempleo universal, que además de dotarlos de una nueva «caja» desinfle a los piqueteros, que administran un caudal impresionante de Planes-Jefas y Jefes de Hogar. A tal punto que solamente en La Matanza, entre Luis D'Elía y el intendente Alberto Ballestrini se adjudican 150.000 de esas prestaciones.

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