Néstor Kirchner le anunció ayer a un grupo de senadores del PJ que convocará a sesionar al Congreso en verano. Quiere que se voten a fin de enero leyes que pidió y el propio peronismo le retaceó. Entrarían en ese paquete los polémicos superpoderes para la AFIP, la ley de donante presunto, la reforma a la tasa sobre gasoil que beneficiará al sindicato de camioneros y la baja en garrafas.
Sin embargo, aunque esos temas estén a la cabeza de la lista, hay otros proyectos retenidos en el Congreso que son aún más estratégicos para la administración Kirchner. Son los casos en que hubo más reticencias para terminar el debate-y, finalmente, quedaron a mitad de su sanción. Fueron demoras o rechazos generados por celos políticos, internas o roces imposibles de acordar entre poderes o bloques. Y no faltó el ingrediente de venganza del PJ que, utilizando la máscara de la oposición, le facturó al gobierno el sufrimiento de un año de haber vivido bajo el imperio de la obediencia debida a la hora de votar leyes.
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