El gobierno de Néstor Kirchner comenzó a sellar un acuerdo que le permitirá asegurarse la sanción de leyes clave en el Congreso. Con hegemonía del PJ en el Senado, faltaba la reunificación del bloque oficialista de Diputados, donde los menemistas montaron una bancada propia con 31 legisladores y dejaron al peronismo en situación precaria. Ayer, un operador del Ejecutivo, Juan Carlos Mazzón, pactó con el cordobés Oscar González, jefe del bloque de Anillaco, el regreso a la bancada PJ de los disidentes. Con todas las tribus domésticas bajo un mismo techo, la administración Kirchner quedará a tiro de acariciar el quórum propio en la Cámara baja y ponerse en sintonía con la otra ala parlamentaria. Resultará fundamental el aporte del Frepaso que, devenido en socio extramuros de Kirchner, le permitirá al gobierno alcanzar los 129 diputados imprescindibles para sesionar y votar leyes.
Néstor Kirchner podría conseguir el control de la Cámara de Diputados a partir de la semana próxima. Esto quiere decir: que el gobierno cuente con la posibilidad de reunir a la Cámara con el quórum que le ofrecerían los diputados del PJ y del Frepaso. Un detalle que se verificó ayer abriría esa posibilidad: el diputado cordobés Oscar González, presidente del bloque Azul y Blanco (menemista), ingresó sigilosamente en la oficina de Juan Carlos Mazzón para negociar la integración de ese sector a las filas del oficialismo. La integración definitiva de los dos sectores, el que comanda José María Díaz Bancalari y el que controla González, se expondrá públicamente la semana que viene, después de que en lo de Mazzón se ajusten algunos detalles logísticos (por eso al «Chueco» ya hay quienes lo llaman «Il Postino»).
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Las idas y vueltas de González por la Avenida de Mayo, entre el Congreso y la Rosada, son en realidad la puntada final a una trama de gestos, indicaciones, tratativas. Acaso la primera la produjo Eduardo Duhalde, en la comida que les ofreció a los legisladores del oficialismo antes de marcharse a Europa. En esa «última cena» el ex mandatario agradeció «a los amigos de Menem porque me ayudaron a que la gestión llegara bien a su fin, más allá de las diferencias que yo tengo con Carlos». Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara e intersección entre todos los sectores legislativos, ya les había adelantado a los diputados de Menem que «si se integran al bloque, conservarán todas las prerrogativas de las que gozan hasta ahora». Son minucias gremiales pero que son la sal de la vida para muchos legisladores: a cada bloque, por el hecho de existir, le corresponden cargos administrativos, choferes, butacas en comisiones, etc., que se podrían «desperdiciar» si el grupo se subsume en el resto de la bancada.
Pero sería incorrecto y hasta mezquino reducir esta integración a cuestiones tan pragmáticas. La aproximación obedece también a una razón política: la voluntad por darle a la administración de Néstor Kirchner un plazo de gracia por lo menos equivalente al que obtuvo la de Fernando de la Rúa, que era de otro partido. «Hay que ayudar a gobernar, no entorpecer. Si les va bien, nos va bien a todos; si les va mal, nos van a llamar» fue la orden que impartió Menem a sus allegados en todas las reuniones que encabezó desde que regresó a Buenos Aires de Santiago de Chile.
• Discusión
Después de ver a Mazzón, González regresó al Palacio Legislativo para encontrarse con Camaño (quien por su lado ya se había entrevistado también con Mazzón) y, por separado, con Díaz Bancalari, y ajustar los detalles de la vuelta al redil. Entre otras cosas, está en discusión la integración de la mesa de conducción del nuevo bloque ampliado. Díaz Bancalari expresa al duhaldismo y, «paredón y después», a los legisladores que, por afinidad con su mentalidad antiajuste, se sienten expresados por su voz (esto lo ayudó delante de Kirchner y el nuevo oficialismo para acceder a la jefatura). Pero la comisión que conduce la bancada debe completarse con vicepresidencias y secretarías. El grupo Talcahuano, que encabezaba el actual jefe de la SIDE, Sergio Acevedo, reclama para sí un lugar por su temprana adhesión a Kirchner. Quien más presiona es Julio Gutiérrez, santafesino ligado a Carlos Reutemann (es primo de «Mimicha»), quien mira con codicia una vicepresidencia.
Hay un dato que no puede desdeñarse en la comprensión del nuevo oficialismo: la aparición de Daniel Varizat en la Cámara baja. Se trata del titular de la Casa de Santa Cruz y hombre del corazón del nuevo esquema de poder instalado en la Argentina. De bajo perfil, Varizat (quien ya fue senador por Santa Cruz), será el nexo más activo entre la Casa Rosada y los diputados, por fuera de cualquier canal protocolar u orgánico. En las conversaciones de ayer, también campeó la posibilidad de que los «primos» menemistas se integren al comando a través de un representante.
• Festejo
Calculadora en mano, Mazzón festejó la expansión de la fuerza oficial en la Cámara. Si se calcula que el bloque que preside Díaz Bancalari cuenta con 89 «manos» y que los del «azul y blanco» son 31, faltarían sólo 9 diputados para que el gobierno controle el quórum de la Cámara. Son los que ofrecería el Frepaso, integrado al «kirchnerismo» desde la campaña electoral. Con esa ecuación, la reforma a la Ley de Entidades Financieras, la reforma tributaria, la Ley de Coparticipación y alguna iniciativa más que deba impulsar el Ejecutivo tendrían la sanción facilitada.
El resto de la fuerza parlamentaria piensa ponerlo el propio Kirchner con una agenda y un estilo que, hasta donde se pueda, intentará seducir al electorado del ARI y también a sus legisladores, atraídos por algunos rasgos «jacobinistas» del nuevo gobierno.
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