La chispa final para los 9 años de gobierno de Juan Perón fue cuando enfrentó con dureza a la Iglesia en 1955. La habitual procesión anual de Corpus Christi aquel 11 de junio frente a la Catedral Metropolitana había sido prohibida por primera vez, por su politización, pero igual se hizo. Hubo efectivamente críticas al gobierno. Ya antes Corpus Christi se había transformado en un acto religioso con quejas políticas (hasta los socialistas y masones concurrían a pesar de que ni creían en Dios) y terminó ese 11 de junio en un episodio presuntamente protagonizado por jóvenes de la Acción Católica, como fue la quema de una bandera argentina frente al Congreso. Esto exacerbó a Perón y a ministros que criticaron duramente el hecho, pero, en realidad, era una reacción contra la cúpula eclesiástica ya en pleno enfrentamiento. Perón les había sancionado la Ley de Divorcio (rigió breves meses durante los cuales aprovecharon para divorciarse legalmente figuras como Amalita Fortabat y otros pocos). También la igualdad de hijos legítimos e ilegítimos, la supresión de la enseñanza religiosa en los colegios, la instalación de burdeles públicos (en Tigre y San Fernando), la supresión del calendario de los feriados religiosos y más. Que había conspiraciones era cierto, a tal extremo que sólo 5 días después, el 16 de junio de 1955, se produjo el levantamiento de la Marina, cuyo ataque aéreo contra la Casa Rosada provocó una masacre entre quienes habían ido a defender a Perón, más inocentes muertos por bombas cuando viajaban en vehículos de transporte. Perón se exacerbó más en sus discursos. Días después llegó a decir que "caerán 5 de ellos por cada uno de los nuestros". A Perón le pedían "palos" y había dicho antes en otro discurso en Plaza de Mayo, "por qué no se los dan ustedes". Con eso se quemó el edificio del Jockey Club en la calle Florida y otros inmuebles (también había sido incendiada la Casa del Pueblo del Socialismo en Congreso). Esa noche del 16 de junio se produjo el saqueo de las iglesias, varias en el centro de Buenos Aires, y aparecieron fotos de activistas usando ornamentos católicos de misa. Inclusive una reunión de elementos robados en las iglesias se hizo cerca de Plaza de Mayo en un edificio de Alejandro, padre de los actuales empresarios petroleros Bulgheroni, con la complicidad del sereno. El obispo Tato y monseñor Novoa tuvieron que partir a exiliarse al exterior. Pero el ataque a la Iglesia Católica ya era el súmmum de lo que podían aceptar las Fuerzas Armadas. A la Marina se unió esta vez el Ejército y encabezados por el general nacionalista y católico Eduardo Lonardi, el 16 de setiembre, apenas 3 meses después, fue derrocado definitivamente Perón. Néstor Kirchner no está cerca de tal enfrentamiento pero ayer su habitual intemperancia lo llevó a expresarse duro contra la Iglesia Católica actual. Posiblemente luego, como siempre sucede, pasado el arrebato, se recomponga, pero ayer habló en un acto en Casa de Gobierno de un "fiador (obvia referencia al arzobispo de La Plata) de un interesante financista preso" (por Francisco Trusso). A la dirigencia eclesiástica la llamó "hipócrita" y dijo que "ven a los pobres por televisión". No es bueno. Pudo haber un banquero complicado aquí con la Iglesia como fue Roberto Calvi con el Vaticano. Además en finanzas sospechosas, ¿puede expresarse así alguien proveniente de Santa Cruz? La Iglesia con Cáritas hace añares que se encarga de los pobres y sin hacerlos piqueteros, con armas ahora y como milicias civiles en las calles.
Néstor Kirchner embistió ayer contra un sector de la Iglesia Católica que había hecho críticas a la lenidad con que el gobierno tolera el activismo de los piqueteros. Lo hizo en acto con funcionarios y Daniel Scioli en Casa de Gobierno.
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Después de haber vivido los desbordes de los piqueteros, oficialistas y opositores; en comercios, empresas y servicios públicos; amén de los de Quebracho en el edificio Libertador,
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