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7 de enero 2004 - 00:00

Kirchner y el PAMI, el juego de los 4 errores

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Decidió desde el primer día convertir el PAMI en uno de los escenarios principales de su gestión y, al cabo de seis meses, esa operación se le fue transformando en un Vietnam. Como Fernando de la Rúa, acaso aconsejado por encuestas porteñas iguales a las que consumía el radical, Kirchner apostó a que la reforma de ese instituto sería una de las marcas de su gobierno. El reemplazo de Juan González Gaviola delata el equívoco. Ahora, designando allí a Graciela Ocaña, parece multiplicar el error por cuatro:

1. El primer desacierto consiste en ubicar al frente del organismo a alguien de alto perfil como es Ocaña, aunque la llamen «la Hormiguita». Más allá del placer que depara a Kirchner, como a casi todos los políticos, el hecho de provocar traiciones, haber elegido a Ocaña supone que el principal problema del PAMI es la corrupción y no un diseño administrativo para el cual el robo es casi un objetivo. Esta diputada, hasta ayer mano derecha de Elisa Carrió, será en un par de meses un llamador para el periodismo especializadoen revolver tachos de basura. ¿Cuánto vale para ese género la figurita de una Ocaña impotente ante las irregularidades que se cometan debajo suyo? Pensarla a ella cometiendo irregularidades es imposible, ¿verdad? No es lo mismo esa tapa de revista que la de un desconocido ante el mismo problema, tal como descubrieron Carlos Menem, cuando designó a Alberto Abad, y Eduardo Duhalde, con Horacio Pacheco. Un ejemplo: Ocaña todavía no asumió y ya resulta escandaloso que forme parte de dos poderes del Estado por no querer renunciar a su banca de diputada. Si Kirchner pensara que, como se desarrolló en la tapa de este diario el lunes, el principal problema de la obra social es su dimensión inmanejable, su organización endiablada y la cartelización de sus proveedores, hubiera promovido allí a alguien con alguna experiencia, si no sanitaria, administrativa.

2. El segundo error de Kirchner es mantener en el candelero a González Gaviola, a quien ayer le agradeció la reforma realizada en el instituto. Cuando se habla de las inasistencias del interventor (pasó casi 15 días sin concurrir a su despacho por razones que sus amigos intentan ocultar) y del mal gusto de haber designado a familiares y allegados (algo que irritó especialmente al duhaldismo desde que exoneraron como contratado al hermano de Chiche Duhalde), se está hablando, en realidad, de las virtudes de este cuñado de José Octavio Bordón. Los aspectos verdaderamente objetables de su gestión los conoce Kirchner y casi nadie más. Están contenidos en un informe de los síndicos, designados por el ministro de Salud, Ginés González García, donde se ponen reparos ante una operación cuantiosa de liquidación de deudas con la industria farmacéutica. O en un «memo» similar de la vicesíndica de la SIGEN, Alessandra Minicelli de De Vido, con objeciones sobre otros movimientos del mendocino. Compra de pañales y material destinado a colostomía son otros rubros que inquietan a los auditores de González Gaviola. ¿Avanzará «la Hormiguita», en su afán de pesquisa, sobre estas materias? ¿Irá a curiosear en papeles firmados por el mendocino pero también por su segundo, el sindicalista santacruceño Ramón Granero, que se mantiene a pesar de todos los cambios? Granero es el señor hacia el que miraba Ocaña, ayer, cuando en la conferencia de prensa que ofreció se iba quedando sin respuestas. Nadie le pide a la nueva interventora que se anime con cuestiones más espinosas: relevar, por ejemplo, a los delegados regionales que manejan el negocio de la obra social o terminar con el régimen de gerenciadoras que cartelizan la prestación de servicios. Ni siquiera debe exigirse de la ex amiga de Carrió que remueva a los gerentes clave (prestaciones, legales, personal) de una entidad colonizada desde el mercado. Esas son operaciones que están fuera del alcance de personal experimentado; mucho más de alguien que recién se aproxima a un escritorio del Estado.

3. Hay un tercer aspecto de la operación PAMI que también promete dolores de cabeza para Kirchner. Ya no se trata del pasado sino del futuro de González Gaviola que, él ya lo anunció, será importante. La prudencia del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, ha dejado vacante la Superintendencia de AFJP. Allí apunta el recién removido interventor de la obra social de los jubilados. Es curiosa la vocación de este mendocino por los temas previsionales. En su momento, cuando se discutió la transformación del sistema de reparto en otro de capitalización, fue un acérrimo opositor a la reforma. Pero un minuto antes de aprobarse la ley, se allanó al cambio silenciosamente (algún diputado por Santa Cruz de aquella época debería contarle al Presidente con más detalle el giro). ¿Admitirá ahora este ex diputado que Kirchner lo designe al frente de un sistema a cuyo nacimiento se opuso con razones casi religiosas? El más preocupado por esta posible designación es hoy Roberto Lavagna: durante la reunión que mantuvo en octubre con los presidentes de los principales bancos privados con sede en el país, en la Reserva Federal de Nueva York, se comprometió a suspender cualquier agresión a las AFJP. Hace 15 días, Sergio Massa, el titular de la ANSeS, ofreció garantías en ese sentido a los directivos locales. Pero ahora González Gaviola indicaría un cambio de rumbo, sobre todo cuando el gobierno se dispone a discutir con el sistema de jubilación privada el canje de la deuda en default (acaso el único acuerdo que alcance Lavagna) y el destino de los aportes previsionales de 2005.

4. El cuarto error de la maniobra oficial en el PAMI es técnico, delata una improvisación y se explica en el modo inesperado con que el actual elenco de poder llegó al gobierno.

Kirchner se encuentra hoy ante un vacío jurídico para justificar la presencia de Ocaña en la obra social. La ley que hizo aprobar en los primeros días de mandato preveía una intervención de 6 meses, que debería ahora prorrogarse por un decreto de necesidad y urgencia. Cuando se aprobó esa norma, además, no se tuvo en cuenta que el control institucional del organismo está en manos de operadores sindicales de la CGT, en su mayoría subordinados a Luis Barrionuevo, consagrados en una elección que se realizó sigilosamente antes de que Duhalde dejara el poder. El gobierno perdió la oportunidad de encarar los cambios que se propuso en el primer momento y ahora no encuentra el mecanismo legal para cumplir el objetivo. El fracaso no se hubiera advertido tan claramente, si no fuera porque se desplazó a González Gaviola para injertar en el gobierno a un vástago de Carrió.

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