Si el Congreso de la era kirchnerista se caracterizó hasta ahora por la obediencia a los pedidos de la Casa Rosada y un abuso de la mayoría oficialista, la mayoría que recibirá Cristina de Kirchner como aditamento a su presidencia ganada ayer superará todo lo conocido hasta ahora en materia de hegemonía parlamentaria. En línea con ese resultado se aseguraban el ingreso a la Cámara de Diputados Felipe Solá, Graciela Giannettasio y Florencio Randazzo, y renovaron cargos nombres como José María Díaz Bancalari y Graciela Camaño.
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En muchos casos, ese efecto de acumulación lo consiguió el kirchnerismo al haber utilizado hasta el abuso el sistema de listas colectoras o ir a elecciones en una misma provincia con dos partidos que apoyaron al kirchnerismo.
Un caso típico fue el de Santiago del Estero, donde el acuerdo del radical K Gerardo Zamora les funcionó a la perfección a los Kirchner. Allí, el Frente Cívico por Santiago consiguió dos senadores y el tercero, por la minoría, se lo llevó Una Nueva Opción. En el caso de los diputados, el Frente Cívico por Santiago se alzó con los cuatro que estaban en juego.
Pero, además, en esta renovación de 130 miembros, cambiará sensiblemente el panorama para la oposición.
El gobierno que asumirá el 10 de diciembre no sólo tendrá quórum propio en Diputados (129 diputados), sino que junto con sus aliados podrá superar ese número casi con una veintena más de bancas.
Diferencia
Hasta hoy la situación es bien distinta. Si bien el Frente para la Victoria puede llegar a superar el quórum sumando los 111 diputados propios -tuvo una merma de seis entre fallecidos y renunciados- más los aliados del Peronismo Federal y los radicales K, en la práctica ese número le es difícil de conseguir. Colaboran para eso el agotamiento normal de un bloque después de dos años (en algunos casos; cuatro en otros) y los choques con el estilo de Néstor Kirchner para controlar el Congreso que terminaron desgastando la disciplina interna.
Por eso, en los últimos tiempos fue común que el Frente para la Victoria debiera retirarse del recinto para frenar debates en casos como Skanska, la «bolsa» de Felisa Miceli o los manoseos en los índices del INDEC.
Ahora la situación cambiará. A los diputados conseguidos ayer, el Frente para la Victoria puede sumar otros 62 que tienen mandato hasta 2009. El Peronismo Federal, que consiguió renovar a Díaz Bancalari y a Camaño, también quedó con un piso de 12 diputados, a los que deben sumarse como aliados Paola Spatola, Eduardo Lorenzo Borocotó, los santiagueños de Gerardo Zamora y Genaro Collantes.
Con ese escenario de base y el resultado de anoche, superar las 145 bancas desde diciembre no fue demasiado difícil de conseguir.
Enfrente la situación es distinta. Al radicalismo sólo le quedaron 16 diputados con mandato hasta 2009. Aunque haya hecho ayer una buena performance en Córdoba, no alcanza para cubrir la diferencia de los diputados que puso en juego en esta elección y que perdió.
Por eso anoche la incógnita era saber quién se quedará finalmente con el puesto de segunda minoría. La distinción no es menor: quien acceda a ese número que el radicalismopareció perder, tendrá el derecho de nombrar al presidente de la Auditoría General de la Nación, ocupar sillones en el Consejo de la Magistratura -restringidos a sólo el primer opositor después de la reforma a ese cuerpo que llevó adelante Cristina de Kirchner- y quedarse con una cuota mucho mayor en cargos dentro de la Cámara y en las comisiones.
Segunda minoría
El ARI y el socialismo, a pesar de haber puesto en juego siete de las 19 bancas que tienen en el Congreso, quedaron anoche en la puerta de ser la segunda minoría y quedarse con ese botín político.
Con el resultado que obtuvo en la Capital Federal -consiguió sólo renovar la banca de Federico Pinedo-, el macrismo aliado con los partidos provinciales quedó más lejos de ese puesto, que tampoco podrán reclamar ahora ni el Justicialismo Nacional ni el Peronismo Federal.
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